Escritor e intelectual de referencia del drama haitiano, Jean Métellus alerta sobre la corrupción rampante en su país. Pide a la comunidad internacional que tome medidas de garantía, cuando la ayuda financiera empieza a llegar a la isla: «En caso contrario, políticos y policías se entregarán al pillaje»

El escritor haitiano Métellus. / Imagen: JP Quiñonero
Jean Métellus, patriarca de la cultura haitiana, en el destierro, teme que gobernantes, ministros, prefectos, militares y policías roben masivamente buena parte de la ayuda internacional a Haití, precipitando una tragedia humana todavía más pavorosa.
Métellus (Jacmel, 1939) es el escritor haitiano más importante de nuestro tiempo, autor de una docena de novelas, una veintena de libros de poesía, seis dramas y varios ensayos, comenzando por su legendario, «Haití, una nación patética» (2003).
En su despacho-biblioteca, en las afueras de París, Lope de Vega, García Lorca y Borges ocupan un puesto privilegiado, frente a Martin Luther King y los héroes de la independencia haitiana. En el exilio, desde 1959, Métellus es un conocedor emérito de las tragedias de su patria y estima que el drama en curso es una «encrucijada histórica».
-¿Por qué?
-Si la comunidad internacional no toma medidas urgentes, la generosa ayuda masiva puede precipitar nuevas tragedia. Es de temer que gobernantes, diputados, senadores, policías, militares, se entreguen al robo y pillaje de la ayuda internacional, privando al pueblo de buena parte de las donaciones, que pueden servir, me temo, para enriquecer a los corruptos.
-¿Qué motivos o informaciones le llevan a ser tan pesimista?
-Mi conocimiento de la historia de Haití. Y las informaciones fragmentarias que comienzan a llegarme. Mi patria vive un drama terrible: todo está hundido. Todavía tengo familia allí. Mi hermano, sobrinos... no he conseguido hablar con ellos. Pero todos los contactos que hago, en Haití y en París, me inclinan a pensar que el terremoto no ha acabado con la corrupción endémica.
-¿Qué pueden hacer los donantes, la comunidad internacional?
-Organizar con urgencia un tribunal preventivo. Advertir muy solemnemente, desde Washington, desde Europa, que los ladrones serán castigados severamente. Y tomar medidas de precaución. La corrupción endémica ha sido un cáncer destructor de mi país. Los más poderosos, los gobernantes, la policía, el ejército, están llenos de corruptos, que van a intentar aprovechar para seguir robando las donaciones y enriquecerse.
-¿No hay otra alternativa que la tragedia para Haití?
-Hay una alternativa. Mi primera decisión, en el destierro, ha sido sumarme a un proceso de apoyo solidario y democrático, poniendo condiciones, lanzando un llamamiento solemne a la comunidad internacional. Es urgente, indispensable, que las grandes democracias aprovechen la tragedia para facilitar alguna forma de transición a un régimen que ofrezca más libertades, más democracia, al mismo tiempo que se yugula la corrupción, con vigilancia y supervisión internacional.
-¿Es realista pedir un cambio de régimen con motivo de un terremoto?
-EE.UU. y Europa deben ofrecer a Haití una ayuda doblemente condicional. Ayuda de urgencia. Pero echando los cimientos que permitan construir una nueva sociedad política. El necesario tribunal condicional debe pedir garantías a quienes reciben la ayuda de urgencia. Y, más allá de la urgencia, la reconstrucción de Haití, con nuevas infraestructuras, tampoco podrá realizarse sin la ayuda de los países ricos.


