En los últimos doce meses se han producido 4.800 quejas por abandono y malos tratos contra ancianos y pacientes mal atendidos
Actualizado
Miércoles
, 10-02-10 a las 13
:
10
La violencia física y moral se ha transformado en una tragedia diaria en los hospitales franceses. En los últimos doce meses se han producido 4.800 quejas por abandono y malos tratos contra ancianos y pacientes mal atendidos.
Jean-Paul Delevoye, mediador de la República, considera que se trata de un problema de sociedad de nuevo cuño: «Estamos asistiendo al crecimiento de una violencia ordinaria en todo el sistema hospitalario nacional. Hay tragedias de todo tipo. Y los pacientes no son las únicas víctimas. También hay médicos, enfermeros y profesionales de distinta categoría que sufren agresiones de distinto tipo, cada día».
Según los primeros estudios estadísticos oficiales, las agresiones sufridas por los pacientes son de muy distinta naturaleza: esperas interminables en los pasillos, donde nadie los atiende; gritos y amenazas físicas seguidas de violencias; amenazas verbales si el paciente se considera mal atendido; violencias «menudas» cuando los pacientes están más abandonados.
En los hospitales situados en zonas urbanas más o menos problemáticas (por razones de pobreza o conflictos étnicos de distinta naturaleza), el personal hospitalario es víctima de agresiones físicas y verbales igualmente diversas: esposos musulmanes que no desean que hombres (enfermeros o médicos) «vean» a sus mujeres; familiares que se consideran discriminados con razón o sin ella; familiares de pacientes en estado grave que pierden los nervios cuando el enfermo entra en estado de gravedad última...
Delevoye propone al gobierno un estudio urgente de los nuevos «problemas emergentes» en el sistema hospitalario nacional, víctima de otros problemas más tradicionales: la instauración de la semana laboral de 35 horas creó muchas “disfunciones”; la burocratización del sistema alimenta tensiones mal controladas.
A los 4.800 casos de violencias repertoriadas, los especialistas añaden una “violencia ordinaria” consecuencia de las diversas crisis superpuestas. Quienes llegan a quejarse, por escrito, o telefónicamente, son una minoría. Existe, se teme, una mayoría de pacientes que sufren en silencio una situación tensa y doliente. Delevoye saca estas conclusiones: “La menor violencia verbal añade un sufrimiento añadido, para los pacientes, sobre todo, que son las primeras víctimas”.


