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Blake Griffin era el hombre más feliz hace sólo unos meses. Acababa de ser elegido por los Clippers con el número uno del draft, cumpliendo el sueño de todo jugador de baloncesto. Un futuro profesional asegurado y dinero para disfrutarlo. ¿Qué más se puede pedir? Pues salud, que dirían las abuelas. Y eso es precisamente lo que le ha faltado al ala pívot de la universidad de Oklahoma, cuya rodilla dijo basta antes de que pudiera debutar como profesional
Actualizado Miércoles , 10-02-10 a las 13 : 02
Esa lesión le obligará finalmente a pasar por el quirófano, como se ha sabido en las últimas horas, así que se perderá lo que queda de temporada. Un paso atrás en su prometedora carrera, que ya le tocó dar en su día a otros muchos números uno del draft. Una maldición que persigue en los últimos años a los números uno del draft y que amenaza con arruinar la carrera de Blake Griffin.
Y es que, dejando aparte honrosas excepciones (Derrick Rose, LeBron o Superman Howard), lo cierto es que los Nº1 elegidos en el draft en la última década no han tenido que atravesar un camino de rosas precisamente. Sin ir más lejos, tenemos el caso de Greg Oden, el Gigante de Cristal. Elegido por los Blazers en 2007, se pasó su primer año como profesional en el dique seco por culpa de sus rodillas. Llamado a liderar a Portland en busca del anillo, Oden apenas disputó 61 partidos en 2008 (8,9 puntos y 7 rebotes de media) y su progresión en 2009 se ha visto cortada de raíz esta temporada con una nueva lesión.
Echando la vista un poco más atrás, tenemos a Andrea Bargnani, el primer europeo escogido en primer lugar en el draft, cuya llegada a la NBA estuvo plagada de obstáculos. En noviembre le fallaron las rodillas, luego tuvo que ser operado del tabique nasal y las amígdalas, y cuando ya parecía que estaba volviendo a entrar en las rotaciones de los Raptors, tuvo que pasar por el quirófano para operarse de apendicitis.
Andrew Bogut, el primer nombre pronunciado por David Stern en el draft de 2005, lo tuvo un poco más fácil. Al australiano, la maldición le respetó un tiempo. Pudo disputar sin problemas sus tres primeras temporadas como jugador de los Bucks, aunque en 2007 ya se perdió casi veinte partidos por problemas en la espalda. Esas molestias fueron a más y el año pasado se lo pasó casi en blanco por culpa de los dolores en la espalda. La maldición había hecho su trabajo.
Yao Ming, una temporada en blanco
Algo parecido le ha ocurrido a Yao Ming, que disfrutó de tres temporadas iniciales sin problemas físicos (16,5 puntos y 9 rebotes por partido). La Muralla China comenzó a venirse abajo en 2005 cuando se le diagnosticó osteomielitis aguda en su pie izquierdo, lo que le obligó a perderse gran parte de la temporada. Al año siguiente, volvió a caer lesionado al intentar taponar un lanzamiento y en 2008, poco antes de los play offs, sufrió una fractura por fatiga en su pie izquierdo, de la que todavía está intentando recuperarse.
Kwame Brown es otro caso de número uno caído en desgracia por las lesiones. Elegido el mismo año que llegó Pau Gasol a la NBA, aterrizó en Washington con la vitola de gran estrella tras ser apadrinado por Michael Jordan. Una presión que no hizo más que agravar sus múltiples dolencias: pubalgias, operaciones de tobillo, problemas en un hombro… a lo que hay que sumar una vida complicada, que ha estado cerca de llevarle a la cárcel en más de una ocasión. Ahora sobrevive como segundón en los Pistons.
En 2000 fue Kenyon Martin el elegido como número uno, y él tampoco se libró de la maldición. Su notable paso por los Nets, con promedios cercanos a los 17 puntos y 10 rebotes por partido, le llevó a fichar por los Nuggets en 2004. Tras una primera temporada exitosa en Denver, la rodilla derecha dijo basta. Desde entonces, no ha vuelto a alcanzar el nivel que exhibió en los Nets y su progresión ha ido descendiendo poco a poco.
Olowokandi, la primera víctima de la maldición
La mala suerte también se ha cebado con Elton Brand (Nº1 en 1999), al que las lesiones le han impedido brillar en los últimos años. Primero, se rompió el talón de Aquiles durante su último año en los Clippers, y luego, tras su llegada a los Sixers, tuvo que ser intervenido del hombro.
Podría decirse que el nigeriano Michael Olowokandi fue la primera gran víctima moderna de esta maldición. Escogido por los Clippers en 1998, nunca llegó a ser el center dominante que se esperaba por su envergadura, aunque sus problemas en las rodillas y una hernia, le complicaron aún más el camino.
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