Actualizado Miércoles , 10-02-10 a las 12 : 44
«Sé que fumar no es bueno para un deportista, pero me relaja. Es el único vicio que tengo. Además, nadie vive cien años». Hoy nadie podría imaginar una declaración como esta en una de las mayores promesas del futbol mundial, como ahora lo son Balotelli del Inter de Milán, Muniain del Athletic de Bilbao o el mismo Pedro del Barcelona. Pero cuando en mayo de 1991, el joven Robert Prosinečki, que tenía sólo 22 años, hizo estas sinceras revelaciones, era el jugador más ansiado de toda Europa, el emblema de toda una generación de futbolistas geniales… que fumaba «como un carretero».
Desde que ganó el Mundial Juvenil de 1987 en Chile, en el mundo del fútbol comenzó a circular el rumor de que había aparecido un «nuevo genio», comparable a los grandes maestros. «En sus botas –se leía en ABC– se hallaba la vieja esencia del fútbol: la velocidad de Puskas, la genialidad de Di Stefano y la delicadeza de Didi».
A los 18 años, Prosinečki, que acaba de cumplir 41, comenzó a tejer «la nueva tela de araña del fútbol europeo», una tela que, sin embargo, nunca terminó, pues las continuas lesiones musculares nunca le dejaron sacar todo el fútbol que se suponía llevaba dentro.
Tras el Mundial del 87, en el que fue escogido el mejor jugador, los representantes de todos los equipos de Europa hacían cola para intentar fichar al «orejas» –como le llamaban algunos intermediarios–, que, por aquel entonces, era ya el líder del Estrella Roja de Belgrado, con el que se proclamó campeón de Europa en 1991.
«Un centrocampista menos genial que Savicevic, la musa dorada de los poetas del fútbol, y quizá menos completo que Boban, el niño mimado de todo el cuadro técnico yugoslavo, pero sin duda es un compendio de ambos y el jugador de más carisma, el auténtico representante de la generación de Chile», escribía en ABC José Manuel Cuellar.
Por ello, la Federación Yugoslava le guardaba como a un tesoro, como a un «artista enjaulado» para que sean los mismos compatriotas quienes puedan disfrutar de su arte, y, sobre todo, para que su marcha no arruinara el fútbol yugoslavo.
Sin embargo, en 1991, ya no pudieron retenerlo más y fue fichado, a razón de 1.000 millones de pesetas, por el Real Madrid de un Ramón Mendoza recién llegado, que había prometido a la joven perla yugoslava, «el joven Dios comprado a la brava»… cuya carrera, desde entonces, fue en picado.
En las seis temporadas que jugó en España, rotando continuamente por equipos como, además del Madrid, Oviedo, Barcelona y Sevilla, marcó 21 goles, siendo la más rentable la temporada 93/94, donde consiguió unos tristes seis tantos con los merengues.
En el total de su carrera deportiva, el también conocido como «el suelas» –porque pisaba mucho el balón–, «el cuadrado» –porque no tenía cuello y su cabeza parecía cuadrada– o «Lesionecki» –por la continuas recaídas–, puso el balón en las redes 57 veces.
Tras su salida del Estrella Roja en 1991, Prosinečki sólo consiguió dos Supercopas de España –una con el Madrid, en 1993, y otra con el Barcelona, en 1996– y la Copa del Rey de 1993.
Se retiró en el ZK Zagreb en la temporada 2003-2004, como único jugador que ha conseguido goles con dos selecciones diferentes. Actualmente el segundo entrenador de la selección croata de fútbol y ha recuperado algo de su fama al protagonizar una serie de anuncios para Renault, en los que se parodia a sí mismo.
Durante su carrera deportiva se llegó a decir que fumaba hasta dos paquetes de cigarrillos diarios, una adicción que no parece haber abandonado. En julio del año pasado fue hospitalizado tras sufrir una infección virósica del centro de equilibrio cerebral, pero no dejó de fumar a pesar de que se lo recomendó el médico por enésima vez.
«El caso es que cuida su imagen. Fuma cuando sale con los amigos a tomar refrescos, pero a la hora de hacerle una foto se traga el humo y la mano que porta el cigarro se esconde tras su espalda», contaba ABC en 1991.

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