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Publicado Actualizado lunes , 11-1-2010 a las 18:39:45
Con media España congelada, el Barcelona aguantó el liderato en manga corta, disfrutando de la agradable temperatura de una localidad, Tenerife, a la que quiere con locura por los favores del pasado. No pierde la pista el conjunto azulgrana en la Liga y anoche aprovechó para reincorporarse después de dos resbalones a tener en cuenta, pues es evidente que no anda tan firme como antaño. Aunque el resultado no ofrece dudas, le cuesta reconocerse en el espejo, fatigado después de un ritmo vertiginoso que le tiene con la lengua fuera.
Precisamente por eso, por lo apretada que está la agenda en enero, a Guardiola le da por hacer cosas extrañas en las últimas citas. Raro es que Piqué se quede en la grada, casi tanto como ver a Rafa Márquez desentonando en el once inicial y a Maxwell perdido en el lateral izquierdo. Raro es, también, que Pedro, el entrañable Pedrito, se quede en el banquillo ante su gente, casi tanto como ver a Bojan Krkic de entrada, olvidado el chaval después de un vertiginoso crecimiento cuando el declive de Ronaldinho y cía. El resultado, sin embargo, fue el de casi siempre, nada raro. Aguantó el Barcelona la presión del Madrid y mantiene el maillot amarillo al aprovecharse de la inocencia tinerfeña con más goles que fútbol.
Se fue al intermedio con el trabajo hecho y eso que sufrió de lo lindo en los primeros compases. Jugó sin defensa, con una autopista libre de peajes para que Alfaro probara a Víctor Valdés en varias ocasiones. Una se encontró con el palo, otras dos las detuvo el portero y Puyol le echó un cable al despejar en la línea un remate de Kome. Todas pudieron ser gol, pero ya se sabe lo que pasa en estos casos. En la portería de enfrente, en la de Sergio Aragoneses, cualquier llegada acabó en fiesta visitante, he aquí la principal diferencia.
Bojan se libera
Llevó la batuta del ataque Bojan, solidario, eléctrico y providencial para desatascar a su equipo en un arranque dudoso. Fue sensacional su internada en el primer tanto y condujo a la perfección el contragolpe del tercero, ambos con la firma de Leo Messi. En medio, el cabezazo de Puyol ante la salida en falso del portero. Intermedio, 0-3 y a vivir de la renta, que hay que dosificar y más teniendo en cuenta que el miércoles le toca gesta en el Sánchez Pizjuán.
No fue un partido bello, incluso escasísimo de ritmo en el primer acto. Del segundo apenas hace falta hablar porque ya estaba todo vendido, entregado el Tenerife y confiado el Barcelona. El balón rodó sin velocidad, se jugó más en horizontal que otra cosa y el tiempo se consumía lentamente, de forma cansina y perezosa. No pasó nada más allá de un pelotazo de Henry al palo y algún detalle menor de Iniesta hasta que Messi, cansado de tanto sopor, recogió un pase de Bojan para enviar la pelota a la escuadra. Un golazo que le iguala a Villa en la tabla de máximos goleadores (ya lleva doce).
Sentenciado el duelo, sirvieron los minutos finales para que entrara Pedrito y enloqueciera el personal. Participó en el quinto tanto, obra de Luna en propia meta.
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