La Policía con más servicios ha intervenido menos droga (16,5 toneladas de cocaína y 35 de hachís) porque los traficantes arriesgan lo justo; el precio en origen sube; las rutas se mueven por efecto del SIVE
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Miércoles
, 10-02-10 a las 12
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Más operaciones policiales pero menos droga intervenida. Parece una paradoja aunque tiene su explicación. Los narcos arriesgan menos y en lugar de barcos a los que se les sale la cocaína por las bodegas envían cargamentos mucho más pequeños, con una o dos toneladas de estupefaciente; además utilizan contenedores, una estrategia cada vez más asentada, tal y como demuestran las investigaciones. Lejísimos quedan las más de 45 toneladas de «coca» intervenidas en 2003 por las Fuerzas de Seguridad. España ya no es la puerta de entrada de droga a Europa, según las estadísticas.
Algo similar ha pasado con el tráfico de hachís. «Hace unos años te encontrabas con alijos de 14 toneladas y eso hoy es impensable», explica un responsable de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Comisaría General de Policía Judicial.
Lanchas con ocho motores
El SIVE, instalado para frenar la llegada de pateras, ha provocado que los narcos desplacen la entrada de droga a zonas más permeables, alejándose hacia Huelva y Portugal o al norte, cada vez más al norte, llegando desde Marruecos hasta Tarragona con potentes lanchas. «Pensábamos que se valían de barcos nodriza, pero lo que hacen es meter lanchas de siete y ocho motores con la mitad de hachís y el resto de combustible. Sólo necesitan repostar para la vuelta», señalan las fuentes consultadas.
En 2009, a falta de datos definitivos, la Udyco Central de la Policía (responsable de entre el 60 y el 70 por ciento de toda la droga que se confisca en España) se ha incautado de 16,5 toneladas de cocaína; 35 de hachís, 188 kg de heroína y hasta octubre entre todos los Cuerpos habían intervenido 350.266 pastillas de éxtasis y unos 100 kg de sulfato de anfetamina, más conocido como «speed». Todas las aprehensiones han disminuido, como se ha dicho, con más operaciones policiales.
Precios astronómicos
¿Significa esa bajada que el consumo es menor? Los investigadores se muestran cautos en este punto. Sí que se ha comprobado que los precios del estupefaciente son ajenos a la crisis. Nada de rebajas. Han subido en origen y, por tanto, también en el mercado. En Colombia el kilo de cocaína pura está entre dos mil y tres mil euros; en España se dispara hasta los 30.000 ó 33.000 euros, pero ha habido semanas este año en Galicia donde ha superado los 39.000 euros. No es difícil imaginar la «vendetta» que estará fraguando el cartel al que la semana pasada se le escaparon kilos y kilos entre plátanos de supermercado. Cuanto más se aleja el producto de los campos cocaleros más se paga por él. En el caso de la maldita heroína, la «brown sugar», esos precios se ven marcados por la ínfima calidad con que llega al toxicómano. Si se están pagando unos 20.000 euros por kilo (ha llegado a estar a 30.000) con un 60 por ciento de pureza aproximadamente, esa pureza cae en picado y la micra que se vende en cualquier «supermercado de la droga» no conserva más de un cinco por ciento del producto original.
Quienes antes inundaban de éxtasis las zonas de ocio, han optado por sustancias no fiscalizadas por la ONU como la ketamina, que es un anestésico veterinario, o por otras que se utilizan para cortar la cocaína y a las que es difícil poner cortapisas en España.
Los «señores de la droga» son los de siempre, al menos los de la cocaína: los colombianos. Aquí el mito de los imparables carteles mexicanos ha pasado de largo. Se les cogió en un par de operaciones en Galicia y después ni rastro. Los narcos colombianos controlan la venta y el traslado y grupos gallegos de tercera generación trabajan para ellos a comisión: entre un 15 y un 20 por ciento que cobran en especie; si colocan la droga en Madrid ese porcentaje se incrementa. «Los narcotransportistas actuales son los que de niños tiraban de los fardos», cuentan de forma gráfica los investigadores de la Udyco. Su papel, no obstante, es clave; se encargan de la parte más difícil, que es recoger la droga en el barco nodriza, llevarla a tierra y esconderla en caletas para que «duerma» una temporada.
Qué fue de la ruta africana
En cuanto a la heroína sí se ha producido un cambio. Grupos de rumanos, búlgaros y kosovares que hasta hace poco actuaban como meros transportistas ya tienen relación directa con quienes controlan la producción, o quienes compran la droga en Turquía, y con los distribuidores españoles (clanes gitanos sobre todo); se ha detectado también a delincuentes africanos utilizando esa vía y a paquistaníes moviendo el estupefaciente con gran soltura y blanqueando las ganancias por el método «Hawala» o banca paralela, como ocurrió en la operación «Quantum».
El hachís, al que se dedican todo tipo de nacionalidades, sigue controlado sobre todo por ingleses, franceses y holandeses afincados en la Costa del Sol y que tienen línea directa con Marruecos, de donde procede el cien por ciento de la producción. «Conocerlos los conocemos a todos, otra cosa es que podamos detenerlos», ironizan los mandos policiales.
Los puntos de destino y las rutas permanecen inalteradas. La heroína sale de Afganistán, pasa por Turquía y sigue la ruta balcánica, con almacenes en los países citados (Rumanía y Bulgaria) mientras que los barcos de la cocaína tienen su origen en el Caribe y Venezuela. Se ha investigado del derecho y del revés la famosa línea directa África-España, sin encontrarse.
Crimen organizado y droga
Los investigadores de la Udyco han seguido la pista de barcos y aviones que desde España se dirigían a países africanos supuestamente para cargar droga, pero luego no volvían. «La hipótesis es que están llevando la cocaína a Europa a través de contenedores». En el 50 o 60% de las organizaciones de crimen organizado aparece el tráfico de drogas, de forma que combatiendo éste se lucha contra la peor amenaza para la seguridad junto con el terrorismo. La Policía se muestra firme: «Los traficantes no se rehabilitan. Es demasiado rentable».



