Publicado Actualizado domingo , 10-1-2010 a las 03:47:52
LA ROTONDA
APARTE de las exposiciones realizadas con motivo del 150 aniversario de la aprobación del Plan Cerdà -por el momento se han visto la del CCCB y la de las Drassanes-, la efeméride está siendo la excusa para la edición de numerosas publicaciones, buen número de reediciones, así como de un importante caudal de conocimiento colgado en internet (www.anycerda.org).
Además de la reedición ilustrada de la muy amena «Historia del Ensanche» (Viena Edicions) de Lluís Permanyer, cabe citar la biografía del urbanista a cargo de Fabià Estapé («Vida y obra de Ildefonso Cerdá», Edicions 62). Sin exagerar, este último trabajo habría que comprarlo no tanto como homenaje al urbanista sino al propio Estapé, entusiasta divulgador de la obra de Cerdà y responsable de la edición de los tres tomos de la «Teoría general de la Urbanización» en 1968, fecha a partir de la cual comienza la recuperación de Cerdà.
No menos destacada es la aportación de los monográficos de la revista «Barcelona Metrópolis» y, muy especialmente, del órgano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, «Ingeniería y territorio», con trece interesantes artículos, el primero de los cuales de Albert Serratosa.
Tras bucear en la ingente cantidad de información generada, uno puede acabar ciertamente ahogado o, también, regresar a la superficie con una o dos ideas más o menos precisas sobre quién fue Cerdà y cuál es su legado. De lo primero mejor remitirse a los biógrafos. Sobre lo segundo, la interpretación es más o menos libre, en función de la experiencia personal de cada cual con el Eixample: bien sea su lugar de vivienda, de trabajo, de estudio o de ocio, o todo a la vez, que hay quien intenta, y consigue, que su experiencia vital transcurra, no es mala opción, exclusivamente en el Eixample; es entonces cuando los puntos cardinales se limitan a unas familiares indicaciones: lado mar, lado montaña, lado Besòs, lado Llobregat.
Otra obvia conclusión que se obtiene es que, efectivamente, el Eixample ideal que dibujó Cerdà no se corresponde en nada con el actual -hay quien dice que afortunadamente-, dada la ausencia de zonas verdes, ocupadas en el pasado siglo y medio por equipamientos, y la mayor densidad.
Ahí, frente a la caricatura de un Eixample pervertido por especuladores y ordenanzas municipales hechas a su medida -que también-, surge otra verdad, la de un distrito denso y vibrante, mucho más poblado, rico y vital que la ciudad jardín, probablemente aburrida, que dibujó el bueno de Cerdà.


