busca, tesoros, escondidos
busca, tesoros, escondidos
Publicado Actualizado jueves , 7-1-2010 a las 02:59:23
SERGI DORIA
BARCELONA. Reza el dicho que en el bote pequeño está la buena confitura. Y algo así sucede con los museos locales que mantiene y mima la Diputación de Barcelona. En «Les joies dels nostres museus», el académico Francesc Fontbona y la museóloga Conxita Gil nos guían entre los tesoros de la provincia de Barcelona, fotografiados por Ramon Manent.
La lista es tan prolija como poco conocida por el visitante de la capital: L´Enrajolada de Martorell, el Víctor Balaguer de Vilanova, el Cau Ferrat y Maricel de Sitges, los museos románticos de Can Llopis en Sitges y Can Papiol de Vilanova, la Casa Alegre de Sagrera y el Textil de Terrassa, el Museu d´Art de Sabadell, el Comarcal de Manresa, el de la Pell de Vic, las casas-museo de los arquitectos Doménech i Montaner i Jujol, en Canet y Sant Joan Despí, respetivamente, las fundaciones de Palau i Fabre en Caldetes y del pintor Joan Abelló en Mollet, la obra de Manolo Hugué en el Thermalia de Caldes de Montbuí, las rajoles de Can Tinturé en Esplugues y los vitrales modernistas de Can Doménech en Cerdanyola.
La farmacia Balvey de Cardedeu, el Museu del Càntir de Argentona, los tapices de la Casa Aymat de Sant Cugat, las piezas arqueológicas del Archivo Municipal de Calella y la fábrica textil de Molins de Rei completan el mapa de un patrimonio poco conocido más allá de su ámbito local.
Como destaca Fontbona, lo que hace especiales a estos museos, es que no han sido creados desde arriba, sino desde la iniciativa privada, el coleccionismo y el mecenazgo: «La red de museos de la Diputación de Barcelona es una buena alegoría de la sociedad catalana, que ha generado siempre tantas iniciativas a escala humana de abajo a arriba, que incluso pueden competir con las grandes infraestructuras que en otros países ha creado el Estado de arriba abajo».
Para estos días festivos, nada mejor que dedicar una jornada a un museo de alguna localidad próxima a Barcelona. Ahí va nuestra selección.
El amigo de Picasso
Josep Palau i Fabre y Pablo Picasso mantuvieron durante décadas una sólida amistad, que se tradujo en varios libros del poeta catalán sobre el pintor malagueño. En la Fundación Palau i Fabre de Caldes d´Estrac podemos admirar un amplio fondo que reúne obras de Torres García, decorados, dedicatorias y cerámicas de Picasso, o el «Purgatorio» de Barceló. Riera, 54.
El mundo de Manolo
Al escultor Manolo Hugué le conocimos por la célebre biografía de Josep Pla «Vida de Manolo». En el museo Thermalia, nombre que alude a las termas romanas de Caldes de Montbuí nos moveremos entre obras del artista desde su diosa broncínea, al autorretrato, las pinturas y los diseños de joyería. Sin olvidar las «voltes"» románicas. Plaza de la Font del Lleó, 20.
Vitrales modernistas
En Cerdanyola, un edificio de Gaietà Buïgas -autor del monumento barcelonés a Colón- despliega la luz polícroma de vitrales modernistas como las «Dames de la tulipa» y el tríptico de las «Dames de Cerdanyola». Las diversas tonalidades acarician los desnudos escultóricos de Llimona y las pinturas de Josep Togores. Sant Martí, 88.
Monturiol, Goya y Gaudí
El inventor del submarino nació en Figueras, pero uno de sus mejores retratos lo encontraremos en el edificio mataronense de Ca l´Arena. Un Monturiol joven nos observa desde el óleo sobre tela que firmó Martí Alsina en 1870; pero hay más: un luminoso paisaje gerundense de Rusiñol y cuatro series de grabados de Goya, a partir de las planchas originales: «Los caprichos», «Los desastres de la guerra», «La tauromaquia» y «Los disparates o proverbios». Capítulo aparte merece la abeja de latón de Gaudí que coronó en su tiempo la Cooperativa Obrera Mataronense. Carreró, 17.
Tríptico sitgetano
El Cau Ferrat (ahora en fase de rehabilitación), el Palau Maricel y el museo Romántico componen el tríptico de la Blanca Subur que acunó fiestas modernistas.
Del Cau Ferrat destacaremos la colección de forjas que le da nombre, el «Ball del Moulin de la Galette» (1890) de Ramón Casas, la Magdalena penitente de El Greco (1585-1590) y las pinturas prerrafaelitas de Rusiñol en contraste con la crudeza parisina de «La morfina» y «La casa de empeños», puro realismo de vanguardia.
En la Sala Mirador de Maricel, los desnudos de la colección noucentista se recortan entre los arcos frente al mar.
En el Romántico de Can Llopis pasearemos por su planta noble, con el salón de baile, el comedor isabelino y nos detendremos en la valiosa colección de juguetes, muñecas de Lola Anglada y «La Musicienne"», seductora autómata de porcelana que parece cobrar vida cuando alguien la mira. Calles Fonollar y Sant Gaudenci, 1.
El arte del vino
Si el vino es un arte -¿a estas horas quién lo duda?- lo más lógico es rodearlo de pintura. Sobre todo si estamos en la comarca del Pened_s. Con esa idea nació en 1926 el Museo de las Culturas del Vino de Vilafranca. Destacaremos el «Mural de la Vinya» de Pau Boada, los aguafuertes en tinta sobre papel de Xavier Nogués y Alexandre de Riquer, un busto femenino de Vallmitjana, un óleo crepuscular de Modest Urgell y la «Copa de raïm» que pintó en 1993 el recientemente fallecido Albert Ràfols-Casamada. Pça de Jaume I, 5
El Prado en Vilanova
Para empezar, la joya de Vilanova: la Biblioteca Museo de Víctor Balaguer, el patricio que bautizó el Eixample con las glorias almogávares. El edificio neoclásico de Jeroni Granell constituye un templo de las artes. A los retratos de autoría catalana como el «boter de la Barceloneta» de Baixeras se une el depósito del Museo del Prado, con la Andrómeda Encadenada de Rubens, la Sagrada Familia de El Greco y los retratos de Maria Luisa y Carlos IV de Goya.
La jornada «vilanovina» puede completarse en el romántico museo de Can Papiol, inmersión en la afrancesada intimidad de la burguesía decimonónica: cornucopias rococó, espejos Luis XVI, arañas de cristal de Murano y la alcona donde se alojó en 1813 el general Suchet durante la invasión napoleónica. Av. De Víctor Balaguer, s/N y Major, 32.

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