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rusia, basurero, nuclear, europa
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Publicado Actualizado miércoles , 6-1-2010 a las 17:10:46
Todas las alarmas se dispararon cuando la cadena de televisión ARTE emitió el documental «Le Cauchemar du Déchets Nucléaire. Albtraum Atommüll» (La pesadilla de los desechos nucleares). En la filmación se afirma que gran parte de los residuos producidos por las centrales atómicas europeas van a parar a cementerios situados en Siberia, cuya seguridad, según los autores del vídeo, «deja mucho que desear».
La noticia no era nueva. Las organizaciones ecologistas rusas llevan años denunciando el tránsito y almacenamiento de materiales radiactivos procedentes del extranjero. Pero, en esta ocasión, la información era más precisa. Contenedores con hexafluoruro de uranio (UF6), procedentes de Francia, fueron descubiertos dentro del territorio de Complejo Químico de Séversk, la factoría de reprocesamiento nuclear conocida con el nombre de Tomsk-7.
Al aire libre, sin protección
«Los contenedores llegaron por mar desde Le Havre hasta San Petersburgo y, desde allí, por tren. Se encuentran ahora al aire libre, sin ninguna protección, a menos de un kilómetro de una fila de edificios en donde vive gente», asegura Alexéi Tóropov, responsable regional de la Agencia Ecológica de Siberia (SEA).
Séversk, localidad situada a diez kilómetros de Tomsk, tiene una población de 120.000 habitantes y sigue estando considerada «ciudad cerrada», como en la época soviética. Para acceder a ella hay que disponer de un pase especial, incluso para los ciudadanos rusos.
La planta de Tomsk-7 fue en su día la mayor factoría del mundo para la producción de plutonio, elemento fundamental en la fabricación de bombas atómicas. Su último reactor dejó de funcionar hace cinco años. Posee hoy día el depósito subterráneo de desechos radiactivos más grande del planeta.
Pero las autoridades rusas niegan que las vagonetas que hay en Tomsk-7 lleven en su interior residuos nucleares. El vicegobernador de la región, Serguéi Tochilin, llama «materia prima» a lo que hay dentro de los contenedores. El portavoz de «Rosatom», la agencia nuclear rusa, Serguéi Nóvikov, sostiene que «el hexafluoruro de uranio no es un producto de desecho y se puede almacenar al aire libre como se hace también en EE.UU. y en Europa».
Nóvikov explica que los materiales radiactivos enviados desde Europa son reprocesados en Séversk y otras plantas rusas y devueltos de nuevo, ya como combustible nuclear, «para ser suministrados a las centrales atómicas de países como Alemania, Holanda, Suecia y Suiza, según licencia de la firma francesa Areva».
Tóropov, sin embargo, subraya el hecho de que «sólo se puede utilizar un 10 o un 20 por ciento de todo lo que nos llega, lo que significa que son desechos en su mayor parte, no materia prima». El dirigente de la SEA, señala que «a las 700.000 toneladas de hexafluoruro de uranio, sustancia muy tóxica y radiactiva, que hemos acumulado en Rusia como consecuencia de nuestra actividad, se unen otras 120.000 toneladas traídas desde fuera» (Alemania, Francia, Holanda y Reino Unido).
La cantidad total de basura nuclear almacenada actualmente en Rusia, según la subdirectora de «Rosatom», Tatiana Elfímova, «se acerca a los 550 millones de toneladas». El período de desintegración de los isótopos, según su nivel de radiactividad, varía entre los 50 y los 24.000 años.
Enriquecer el uranio de Irán
En 2001, entró en vigor en Rusia una ley que legalizó la importación de combustible nuclear ya utilizado para su «reciclaje», concepto que incluye su enriquecimiento y el almacenamiento de los residuos. Desde entonces, las organizaciones ecologistas mantienen una guerra sin cuartel para tratar de lograr que la normativa sea derogada, algo poco probable si se tiene en cuenta que Rusia se ha ofrecido para albergar en su suelo el centro internacional de enriquecimiento de uranio.
Estará enclavado en las instalaciones ya existentes de la planta de Angarsk, en Siberia, muy cerca del lago Baikal. La iniciativa cuenta con el apoyo de EE.UU. y la UE. Uno de sus objetivos sería enriquecer el uranio para las centrales atómicas iraníes, evitando así que el régimen islámico realice este proceso. El ciclo completo abre la vía a la creación del arma atómica. Teherán, sin embargo, ha rechazado la propuesta.
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