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Publicado Actualizado martes , 5-1-2010 a las 05:05:02
Después de tres semanas repitiéndonos a diario la letanía «¿Qué hacemos con los niños?», el próximo lunes se pone punto y final a las vacaciones escolares de invierno.
Pese a los cambios de hábitos, las alteraciones gastronómicas y el irremediable consumismo al que iniciamos a nuestros hijos, los expertos aseguran que los efectos de las vacaciones de Navidad «siempre son más positivos que negativos». Así lo entiende el doctor Antonio Redondo Romero, del Comité Ejecutivo de la Sociedad Española de Pedriatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepeap) para quien, a diferencia de las vacaciones estivales, en enero no surge la necesidad de reeducar en los hábitos y costumbres ya que las alteraciones se producen en una franja tan delimitada que es mucho más fácil volver a la rutina», explica.
«En Navidad, los niños pasan más tiempo con los padres, comparten muchos momentos familiares y disfrutan de unos días en los que gran parte de la actividad cotidiana gira a su alrededor, lo que repercute en consecuencias beneficiosas incluso para su salud», comenta el doctor Redondo.
No en vano, los niños enferman en Navidad mucho menos que en otras épocas «o por lo menos, visitan menos los centros de salud y las urgencias hospitalarias». Para Redondo Romero, abandonar el medio escolar, -«foco de infecciones para los de más corta edad»-, y «sobre todo, la actitud más relajada de los padres» son clave para que en estas épocas «visiten al médico sólo aquellos niños que realmente lo necesitan», comenta.
La vuelta al cole después de tantas atenciones no debe suponer ningún problema psicológico en el pequeño. «Incluso un nivel controlado de frustraciones son positivos para el niño e indispensable si queremos educar individuos independientes y maduros», advierte el psicólogo Gerardo Aguado.
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