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Publicado Actualizado jueves , 31-12-2009 a las 03:10:39
Más aún que la completa conversión del PSC al nacionalismo étnico, otro fenómeno representa mejor la deriva del sistema autonómico que con tantas esperanzas la democracia española construyó en la Transición. Es el miedo a Cataluña que acalla y paraliza a las élites del resto de España, y no sólo a las élites de izquierdas. A los intelectuales, a los líderes empresariales, a los juristas, a los periodistas, sumisos y temerosos en tantos y tantos casos a toda la mitología de ese fantasma étnico llamado Cataluña.
Y digo fantasma étnico porque lo más patético de este fenómeno es que la Cataluña que tanto temen esas élites es una entelequia política construida por la clase política catalana, nacionalista y socialista, para apuntalar y ampliar su poder. Todas las encuestas y estudios politológicos realizados desde el inicio de la Transición muestran que la gran mayoría de catalanes se sienten españoles y mantienen una identidad dual que no es conflictiva. O que el independentismo es minoritario en Cataluña, exactamente igual que lo ha sido siempre. O que se nos olvida que allí donde el independentismo registra la mayor fuerza, en el País Vasco, llega a duras penas al 30 por cien.
Pero da igual, porque nuestro sistema autonómico se desarrolla constreñido y coartado por ese fantasma étnico. Por lo que le pueda pasar a uno y a su imagen si se atreve a cuestionar «Cataluña», o aquello de «la dignidad de Cataluña» que esgrimían los medios catalanes. De ahí el escandaloso retraso del Tribunal Constitucional o el silencio de los intelectuales o los balbuceos de una buena parte de la élite política.
El fantasma étnico construido por la élite dirigente nacionalista y socialista funciona y domina las decisiones relevantes sobre nuestro sistema autonómico. Tanto como para llevarlo a una crisis de grandes dimensiones en no mucho tiempo.
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