Publicado Actualizado lunes , 28-12-2009 a las 02:47:39
DESDE que el régimen iraní decidió pasar como una apisonadora por encima de la legítima indignación de cientos de miles de ciudadanos, descontentos con los resultados oficiales de las elecciones del pasado 12 de junio, la situación en el país no ha dejado de deteriorarse. Las protestas que continúan en Teherán demuestran que el régimen de Mahmud Ahmadineyad perdió su legitimidad en las urnas, igual que en las calles. Con la represión ciega que, en las manifestaciones de ayer, segó la vida de cuatro personas, las autoridades están llevando la situación a un callejón sin salida.
Una parte importante de la sociedad ya ha roto sus vínculos con el régimen teocrático, y es evidente que aspira a un cambio de rumbo para acercar al país a una modernidad que probablemente tiene perfiles más propios que occidentales, pero que está muy lejos de ese oscurantismo medieval en el que el régimen de los ayatolás quiere mantenerlos confinados a la fuerza. La decisión de no escuchar el clamor de tantos iraníes que piden un cambio ha roto en pedazos los cimientos del régimen.
Por desgracia, Ahmadineyad no es solamente pernicioso para los iraníes, sino que representa también una de las mayores amenazas para la estabilidad en la región. Sus planes inequívocos para dotarse de armamento nuclear constituyen un factor extremadamente peligroso para todo el mundo. A pesar de ello, la Unión Europea y -lo que resulta novedoso- Estados Unidos han decidido mantener abierta la interlocución con Ahmadineyad, a pesar de las evidencias de que aprovecha esta vía para engañar a la Agencia de la Energía Atómica de la ONU y para seguir aplastando a sus ciudadanos. Irán puede ser clave en la estabilidad de Irak o de Afganistán, por lo que en muchas capitales occidentales los analistas aseguran que no hay más alternativa que la de intentar entenderse con el régimen, porque un apoyo expreso a los movimientos opositores significaría que quedarían debilitados y sometidos a un aumento de la represión. Tarde o temprano, sin embargo, será necesario hacer un pronunciamiento ético en apoyo de la oposición, por el bien de Irán y del nuestro propio.

