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Obama promete «aprender» del último atentado y corregir los fallos de la seguridad aérea
Tras los pasos de Omar Faruk Abdulmutalab
Salida de Nigeria
En el verano de 2005, tras varios años de estudio en la British School de Lomé, en Togo, Abdulmutalab se tralada a Londres para cursar estudios de Ingeniería Mecánica en el University College. Allí permanecerá hasta primeros de 2009.
Rumbo a Dubai
Una vez cerrados sus estudios en Londres, propone a su padre completar su formación en los Emiratos Árabes Unidos, y se traslada la pasada primavera a Dubai.
La llamada de la fe
Su padre recibe un mensaje el verano pasado en el que Abdulmutalab le dice que se marcha al Yemen para «seguir las enseñanzas del islam auténtico». Preocupado, lo pone en conocimiento de las autoridades nigerianas y estadounidenses. Allí se le pierde la pista.
De vuelta a Lagos
Tras cerca de dos meses sin dar señales de vida, el pasado día 23 aterriza en el aeropuerto de Lagos. No visita a su familia, y unas horas más tarde vuelver a tomar un avión.
Escala en Amsterdam
El día de Nochebuena hace escala en el aeropuerto de Schipol, en Amsterdam. Permanece en tránsito. Horas después se embarca en el vuelo 253 de Northwest Delta Airlines con destino Detroit.
Vuelo 253 a Detroit
Nadie, en tres aeropuertos internacionales, detecta que Abdulmutalab lleva encima 80 gramos de pentrita, un potente explosivo con el que trata de destruir el avión sobre Detroit.
Actualizado Miércoles , 10-02-10 a las 10 : 40
Al Qaida reivindicó ayer el atentado fallido contra un avión que volaba de Amsterdam a Detroit. No reconocen al autor del atentado como uno de los suyos pero sí dicen que se coordinó con ellos para responder a los últimos ataques contra la organización terrorista en Yemen. Las autoridades yemeníes han lanzado este mes dos grandes redadas contra Al Qaida con apoyo de la inteligencia norteamericana.
Una semana antes Estados Unidos había repatriado a varios presos yemeníes de Guantánamo y había anunciado la liberación de 90 más, con el compromiso de que Yemen puede garantizar que no cometerían actos violentos. Si esto no es así se complicará mucho el plan de Barack Obama de cerrar la prisión.
Pero esa es sólo una de las preocupaciones de Obama, quien ayer interrumpió sus vacaciones en Hawaii para anunciar una revisión a fondo de los sistemas de seguridad área de Estados Unidos. «Es absolutamente crucial que saquemos lecciones de este incidente y tomemos las medidas necesarias para prevenir futuros actos de terrorismo», sentenció el presidente. Pocas horas antes la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, había admitido que se cometieron graves fallos.
Obama prometió que Estados Unidos «no descansará» hasta dar con todos los implicados en atentados contra vidas inocentes y que «usaremos todo nuestro poder» contra el terror. Todo. Pero, ¿qué es todo? Nadie entiende que a estas alturas todavía pase esto. Y menos que nadie lo entienden los miles y millones de pasajeros que cada año soportan toda clase de molestias para entrar y salir de los aeropuertos norteamericanos. Que una y otra vez tienen que quitarse los zapatos –bebés en brazos de sus madres incluidos-, y quedarse a veces retenidos durante horas mientras los funcionarios de inmigración comprueban su identidad en sistemas informáticos que pueden «saltar» simplemente porque uno ha cometido la imperdonable imprudencia de llamarse no ya Bin Laden sino Smith o García; es decir, de llevar un apellido tan extendido que a la fuerza algún tocayo tiene que estar en alguna lista negra.
Dicen los expertos que parte del problema es que todo lo que tiene la seguridad aérea americana de sofocante lo tiene de ineficaz por su carácter excesivamente general. Tras el aviso de su padre a la embajada americana en Lagos, el nombre de Umar Farouk Abdulmatallab simplemente se anotó en el TIDE, la base de datos de identidades terroristas que todas las noches se vuelca en el sistema del FBI. El problema es que el TIDE abarca unos 550.000 nombres, lo que en la práctica lo convierte en casi inmanejable. No se consideró que hubiera peligro suficiente para incluirle en la lista de sólo 14.000 personas susceptibles de mayores comprobaciones antes de volar. O en la lista de 4.000 personas a las que no se permite volar en absoluto.
Con lo que ha ocurrido ahora se habla de volver a expandir las listas negras después de años contrayéndolas. Pero los expertos insisten en que no importa el tamaño sino la habilidad. No sirve de nada perder recursos y energía inmovilizando más pasajeros en la aduana. El reto es saber a quién inmovilizar.
Otros países sujetos a amenazas terroristas despiadadas y antiguas, como es el caso de Israel, se distinguen por unos sistemas de seguridad mucho más «personalizados». Todos y cada uno de los pasajeros son cortésmente pero inexorablemente interrogados y por los aeropuertos circulan «ojeadores» adiestrados para detectar conductas anómalas. En este caso habría bastado un control de este tipo para percatarse de lo raro de que un africano vuele de Amstersdam a Detroit en pleno invierno sin facturar ni un solo bulto.
Umar Farouk Abdulmutallab sigue en la cárcel. Su comparecencia ante el juez se ha retrasado hasta obtener una muestra suya de ADN a petición del gobierno. Nadie ha explicado por qué.
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