Publicado Actualizado domingo , 27-12-2009 a las 11:55:08
José Portas Salazar tiene 46 años y tres hijos. Cuenta que su esposa es fuerte, e intenta mitigar como puede su angustia por no haber cenado con su familia en Nochebuena. Desde el puerto mauritano de Nouadhibou, cuenta a ABC que los sucesivos retrasos en la resolución judicial que debería permitir la liberación del pesquero están alargando indefinidamente su calvario. La negociación está condicionada a un acuerdo entre las aseguradoras. «Cuando dicen que ya está arreglado, pasan los días, y ves que nada. Sabemos que lo que digamos puede ser usado en nuestra contra, y por ello somos precavidos», comenta.
Su armador, Santiago Iglesias, está allí, acompañándolo. El resto de la tripulación abandonó Mauritania hace meses. «Nos piden dos o tres millones por un barco de 300.000 euros; y nosotros lo que queremos es que lo dejen ir a trabajar y que el proceso siga el curso de la ley. Aquí nos contestan que al ser españoles tendremos un buen seguro». En su conversación, cuenta que el otro barco se le cruzó en la propa, y que pudiendo haber evitado el choque, sin embargo no lo hizo.
«Lo que dicen es que hicieron luces, pero con parar la máquina ya no se habría producido el impacto», razona. Lleva en el mar más de dos décadas, 24 años, e indica que «esto es ¡una voladura de la leche!, que a uno le ocurra algo así...». Según ha podido saber ABC, en esta clase de embarcaciones (chino-mauritanas) apenas hay titulados náutico pesqueros. Al mando llegan a estar cocineros, e incluso marineros. A veces, se cruzan por delante de otros compañeros, simplemente para alejarlos de una zona de pesca. Pescadores que trabajan en estas aguas revelaron a este periódico que «hay que andar con muchísimo cuidado con ellos, porque se cruzan». Iglesias y Portas, después de declaraciones esperanzadoras sin fruto, ven minada su paciencia. Él último lo confesó en su carta.

