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Publicado Actualizado domingo , 27-12-2009 a las 03:01:10
EL OASIS CATALÁN
LA próxima sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña ha puesto de manifiesto lo que ya sabíamos de antemano: que el tripartito juega a ser Estado. Las pruebas, sobran. Si nos detenemos en el argumentario oficial contra una posible sentencia que cercene aspectos importantes del Estatuto, nos encontramos con un par de ideas que ponen en evidencia el jugar a ser Estado del que hablamos antes. Se dice -primera idea- que una sentencia negativa implicaría un choque de legitimidades. No es cierto. De producirse el choque, sería entre el derecho y los políticos catalanes y españoles que bendijeron el Estatuto. Sólo desde el jugar a ser Estado se puede hablar de dos legitimidades.
Pero, legitimidad sólo hay una: la del Estado de derecho que, en este caso, se expresa por medio del Tribunal Constitucional. Prosigamos. Se dice -segunda idea- que una sentencia negativa rompería el pacto político entre España y Cataluña que conlleva el Estatuto. Falso. El pacto entre España y Cataluña no existe, porque el compromiso político sólo pueden firmarlo dos entidades soberanas. No es el caso de Cataluña. Así las cosas, no deja de ser una broma de mal gusto democrático negar el cumplimiento de la ley alegando la preponderancia de un pacto inexistente. ¿Qué ocurre aquí? Que el tripartito -el nacionalismo catalán gobernante y no gobernante- piensa en clave confederal. Y es este confederalismo latente -ese jugar a ser Estado- el que conduce a creer que la Constitución no puede enmendar la plana al Estatuto, que el Estatuto es una suerte de Constitución catalana -por mucho que se empeñen el Estatuto no tiene poder constituyente ni expresa la voluntad nacional catalana- intocable por naturaleza.
El jugar a ser Estado del tripartito -del Govern- se concreta -sólo un par de ejemplos- en el Consejo de Garantías Estatutarias y en la Ley de Educación de Cataluña (LEC). El primero es una suerte de Tribunal Constitucional catalán que, con toda su pompa y boato, «vela -artículo 76 del Estatuto- por la adecuación al presente Estatuto y a la Constitución de las disposiciones de la Generalitat». Probablemente, se trate de una usurpación de funciones. Por su parte, la LEC cuestiona el currículum escolar común, crea un cuerpo propio de funcionarios y se atribuye competencias horarias que no le corresponden.
Todo ello, de apariencia inocente, tiene su secreto: el currículum propio permite maniobrar las materias y su contenido a mayor gloria de los propios intereses; el cuerpo de funcionarios propio dificulta los traslados interregionales al establecer unos grupos que no tienen correspondencia con los del resto de España; la competencia horaria posibilita incumplir la tercera hora de castellano ordenada por el Gobierno. En definitiva, la LEC prevalece sobre el Estado. O, si prefieren, el Estado virtual está por encima del real.
Y uno se pregunta si Cataluña es una Comunidad Autónoma de España o es España la que es una Comunidad Autónoma de Cataluña. El mundo al revés.
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