Publicado Actualizado jueves , 24-12-2009 a las 04:10:44
MARRUECOS ha rectificado; la señora Haidar está en El Aaiún; y España ha salido de un dificilísimo trance, en el que el azar volvía a interferir en su política exterior, sobre todo basada en lo previsible. Algunos creemos, desde las páginas de ABC, que ha sido el ministro Moratinos quien ha acertado en esta ocasión. Cuando apareció, en tiempos de Cánovas, Silvela o Maura, ABC nacía como diario conservador, pero también liberal, en sentido cervantino: el que ante una opinión distinta reflexiona, no insulta.
La señora Haidar se ha comportado despectivamente, perdonando la vida al país que la acogía, sin perder ocasión de cargar contra él, ofendiéndolo con su desdén. La señora Haidar ha ganado así un alto número de apoyos al estatuto actual del Sahara. Marruecos invadió el 70 por cien de antiguo territorio bajo administración española en 1975. Hassan II mandó violar aquella frontera a 200.000 civiles marroquíes, hecho muy grave en la sociedad internacional. Entre tanto el dictador agonizaba atónito en Madrid. El Príncipe de Asturias, jefe de Estado interino, hizo cuanto pudo por mantener la dignidad de España, mientras Arias Navarro torpedeaba cada uno de sus movimientos. Al cabo de 35 años la historia es otra: España, dígase lo que se quiera, ha ganado peso en la sociedad internacional.
La señora Haidar ha amenazado durante 32 días al mundo con su propia muerte, un arma cuando menos extraña. Desde esta columna hemos mantenido los derechos de las tribus del desierto, que España en un momento crucial abandonó. Pero los errores del Frente Polisario parecen llevar a una prolongación del estatuto de facto existente hoy.
Se dice que Estados Unidos y Francia han resuelto, ellos solos, la emergencia y no ha sido así: la ha resuelto España en primer lugar. El regreso de Haidar y el cambio de Marruecos, decidido a elegir la salida menos perjudicial para sí mismo, prueban que esto es así. La Unión Europea, que España presidirá de enero a junio, pone el foco, ante todo, en el terrorismo de Al Qaeda. Y Al Qaeda acaba de explicar cómo su primer móvil, al secuestrar a cooperantes españoles, italianos o franceses, es económico. El gobierno español habrá de evitar, ante todo, la muerte de los secuestrados. ¿Es necesario recordarlo?
¡Se han hecho concesiones! ¿Pero cuántas cartas de esta intrincada baraja no se intercambian cada día y cada noche en la arena internacional? Al evocar esa posibilidad, las concesiones, se demuestra un desconocimiento profundo del mundo exterior. La paciencia mostrada por el ministro de Asuntos Exteriores y sus colaboradores prueba la profesionalidad de un servicio diplomático con 500 años interrumpidos de servicio.
Quedan dos años y cuatro meses para las elecciones legislativas: posiblemente el señor Rajoy sea el próximo presidente de gobierno. Pero hay algo que el votante medio lleva mal: el inevitable sello que marca, antes de hablar, las palabras de este o aquel dirigente, este o aquel periódico, por razón de su solo nombre. Si es X estará a favor, si es Z, militará a la contra. Ataquemos al gobierno, ataquemos a la oposición, acierte o yerre. Antes de que alguien hable, sabemos lo que va a decir. Así se llega al grado cero de la inteligencia. El método desprestigia a partidos y periódicos, para satisfacción de quienes esperan la vuelta a un régimen de fuerza. Sabemos lo que dirá la derecha autoritaria pero también la izquierda más dura. La degradación del debate, su automatismo, esconden un creciente peligro.
El coro de entusiastas de Lanzarote hizo lo demás al otorgar el título de Gandhi saharaui a la señora Haidar, mientras universidades y círculos de historia, en India o en Reino Unido, también en España, salían en defensa de la memoria del Mahatma.

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