Publicado Actualizado domingo , 20-12-2009 a las 02:45:14
POR NATIVIDAD PULIDO
FOTO: ERNESTO AGUDO
MADRID. Teresa, Filomena, Teodora, Basilisa, Primitivo, El Pipas, Miroslaw... Sus nombres no nos dicen nada, pero sus rostros y, en especial, sus miradas lo dicen todo. El fotógrafo Pierre Gonnord -francés afincado en Madrid desde hace dos décadas- ya nos tenía acostumbrados a una impresionante galería de poderosísimos retratos individuales de diferentes colectivos, siempre sobre fondo negro y en gran formato. La galerista Juana de Aizpuru apostó por él y, una vez más, demostró que tiene un ojo excelente y que no se equivocaba.
La sala de exposiciones Alcalá 31 de Madrid -la misma donde 100.000 personas admiraron el trabajo de Annie Leibovitz- le dedica, hasta el 28 de febrero, una muestra por el premio de Cultura de la Comunidad de Madrid, que ganó en 2007. Cuelgan en sus paredes 38 fotografías inéditas, fruto del trabajo que llevó a cabo durante seis meses por entornos rurales del Norte de España (Galicia, Asturias y León) y Portugal.
Seña de identidad
La novedad es que, junto a los retratos -su seña de identidad-, ha fotografiado también paisajes (nevados, quemados...), que, en cierta manera, son, como dice el comisario, Rafael Doctor, «las personas mismas despojadas de su propio cuerpo». Esos paisajes no son geografía física sin más. Los concibió Gonnord como «una suerte de confrontación conmigo mismo; son como estados de ánimo».
Pero competir con sus retratos es muy difícil. Mientras contemplas un hermoso y poblado bosque, el rabillo del ojo se te va inconscientemente hacia unos rostros que parecen surcados por el tiempo y el duro trabajo en el campo, el mar o la mina. «Está la huella del trabajo en sus rostros, que se han convertido en paisajes», comenta el fotógrafo. Rafael Doctor -ex director del MUSAC y actual director de la Fundación Santander 2016- advierte que esta exposición tiene «poco ruido pero mucha intensidad» y define este retablo de personas anónimas como un «Atlas de la existencia humana, un catálogo de dignidades».
Escrutador de almas
Hay mucho sufrimiento en esos rostros tiznados, sucios, macerados por el sol y el viento, pero también mucha sabiduría y, sobre todo, mucha dignidad en cada arruga de su piel. La dignidad que ha sabido atrapar con su cámara de fotos este «escrutador de almas, este nuevo humanista» en unos retratos más propios del Barroco que del siglo XXI: si Velázquez hubiese tenido en sus manos una cámara, sus fotos se parecerían mucho a las de Gonnord.
En «Terre de Personne» (Tierra de Nadie), su nueva aventura, Pierre Gonnord vuelve a capturar la intensidad de cada mirada («el campo, la dureza de la vida está en sus ojos») y a la vez nos invita a detenernos a mirar esas miradas. ¡Bravo Pierre!, le dedicó una entregada Esperanza Aguirre, durante la presentación de la exposición, quien no escatimó elogios al artista: «Su inconfundible sello creativo le ha convertido en una de las figuras más importantes de la fotografía española contemporánea. Sus retratos del paisaje humano son auténticos clásicos de la fotografía contemporánea».
En las imágenes de Gonnord, que no dejan a nadie indiferente, resuenan los últimos ecos de un mundo que ya no se resiste a desaparecer.


