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Craig Clevenger. Traducción de María Alonso. Alpha Decay (Madrid, 2009). 336 páginas. 25 euros
«Manual del contorsionista»
Craig Clevenger
Traducción de María Alonso
Alpha Decay (Madrid, 2009)
336 páginas
25 euros
¿Quién es Craig Clevenger?
Craig Clevenger (Dallas, 1964) nació en Texas pero creció en el sur de California. Es autor de dos novelas, Manual del contorsionista y Dermaphoria, que han sido clasificadas como neo-noir. No en vano, él mismo reconoce entre sus influencias al maestro del género negro, James Ellroy. Actualmente vive en San Francisco, donde alterna su labor como novelista con algunas colaboraciones en el Santa Barbara Independent.
Publicado Miércoles , 16-12-09 a las 16 : 54
«Manual del contorsionista» es la historia de John Vincent y Daniel Fletcher y Eric Bishop y Steven Edward y Paul Macintyre. O de cómo el primero se fue convirtiendo en todos los demás a golpe de partidas de nacimiento falsas. Empezamos el libro desde el final, con una migraña que acaba en sobredosis accidental y en evaluación psiquiátrica de rutina en el hospital, sólo para verificar que no se trata de un intento de suicidio.

Enseguida notamos que no es la primera vez que el protagonista se enfrenta a tal situación, ya que conforme lo vemos mentir con total soltura y minuciosidad, nos va revelando su historia real: que su prodigiosa inteligencia y su capacidad para reproducir dibujos le llevaron a un diagnóstico erróneo que lo condujo primero a un hospital psiquiátrico y luego a la cárcel, lugares a los que se prometió no volver jamás.

Para evitar que la policía o cualquier evaluador psiquiátrico descubra sus antecedentes psiquiátricos y delictivos, John ha ido saltando de identidad en identidad hasta llegar a la actual, Daniel Fletcher, en cuya piel ha empezado a confiar en una mujer que conoce y acepta su nombre propio y su estilo de vida. Si no pasa la evaluación psiquiátrica, acabará encerrado indefinidamente, pero si la pasa, le está esperando la banda de mafiosos que quiere usar sus habilidades para su propio beneficio.
Craig Clevenger tiene un culto de lectores y críticos literarios que le han colgado la etiqueta de renovador del género negro (o “neo-noir”). Efectivamente, la novela crea cierto suspense alrededor del destino del contorsionista del título, un antihéroe escurridizo pero romántico con hábitos autodestructivos que se codea con un grupo bastante nutrido de mujeres y se mueve por ambientes urbanos decadentes y un tanto sórdidos. En este sentido es un poco una mezcla entre Philip Marlowe y el Santo, nada nuevo bajo el sol.

El corazón del libroSin embargo, el corazón del libro y lo que le confiere originalidad es su tratamiento de la Psicología como una amenaza: el malo de la película es un evaluador psiquiátrico, tan vulnerable e imperfecto como cualquiera de nosotros, pero con el poder absoluto de decidir si tenemos derecho a vivir en libertad o si conviene condenarnos al infierno de un psiquiátrico donde la incompetencia, la masificación y la sedación indiscriminada nos enterrarán definitivamente en un deterioro irremediable de nuestra cordura, siendo tratados con unos fármacos que provocan nuevos transtornos que se combaten con más medicamentos.

El contorsionista aprendió de pequeño que basta con que tus gestos o tus habilidades se acerquen mínimamente a cualquiera de las etiquetas que los futuros psicólogos aprenden en la facultad (y están deseando encontrarse en el mundo real) para que pierdas todo control sobre tu vida. Por eso mismo y echando mano de su habilidad de análisis y réplica, asimiló durante su estancia en el psiquiátrico y la cárcel qué significan gestos, entonaciones y frases en cada caso y cómo usarlos para manipular al de enfrente y sobrevivir en los entornos más hostiles.
Si la parte más sólida del libro es el doble reflejo de la psicología como amenaza y método de supervivencia, se echan en falta más elementos que nos ayuden a empatizar con el protagonista, puesto que, aunque sabemos que es meticuloso, torpe para las habilidades sociales y extremadamente inteligente, su punto de vista analítico y distante hace difícil que nos impliquemos a fondo en su historia, que nos importe si va a salir del apuro o no. Digamos que John Vincent no es un personaje que nos moriríamos por conocer, pero sí es un buen narrador de historias, con una mirada perspicaz e incisiva.
En definitiva, es una lectura ágil e impactante que nos ofrece una combinación de géneros muy acertada y nos hace replantearnos ideas preconcebidas sobre el consumo de drogas, la percepción del otro y la propia identidad, mientras de paso nos entretiene. Especialmente recomendable para quienes hayan disfrutado de la lectura de «Trainspotting», «El sueño eterno» o «Alguien voló sobre el nido del cuco».
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