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Tras comprobar el entusiasmo suscitado en el diminuto pueblo de Sant Jaume de Frontanyà, donde anteayer arrasaba el sí a la independencia de Cataluña, ayer fue el turno para los grandes municipios adscritos a la iniciativa soberanista, un primer baremo para calibrar la participación ciudadana que podría registrarse si la consulta se realizara a nivel autonómico. Los referentes, entre los que se hallaban el municipio más poblado, Sant Cugat del Vallés (59.000 habitantes), y el más simbólico del catalanismo, Vic (30.000), se encargaron de hacer de la votación-celebración dominical el evento más notorio y multitudinario de la localidad en mucho tiempo.
Banderas de seis pisos de altura, balcones vestidos de «senyera», globos y carteles con el «13-D» por doquier y un ambiente más jaranero que electoral acabó por dar un aire de fiesta mayor a lo que el portavoz de la Coordinadora, Carles Mora, apodó muy originalmente como «fiesta de la democracia».
El municipio a priori más dividido de los que formaban parte de la iniciativa, Sant Cugat, habilitó ocho colegios electorales y congregó en la plaza del Ayuntamiento a miles de personas a lo largo del día y a pesar de la lluvia. Una participación que, por la cautela de su alcalde -Lluís Recoder, de la rama moderada de CiU- y por lo cosmopolita del municipio, se preveía mucho más discreta. Métodos ya recurrentes como el «pásalo» a través de los móviles arengaron a muchos a decidir con el lema «os animo a votar para dar testimonio de nuestra dignidad como nación».
En el otro extremo, la capital de provincia más abanderada de las consultas, Vic, tiró la casa por la ventana y movilizó a 2.000 voluntarios por 52 colegios electorales y 122 mesas. Fue sin duda la localidad más implicada y activa de los referendos independentistas. Más de veinte medios internacionales fueron convocados a la cita, y hasta Al Jazeera filmó a inmigrantes musulmanes votando.
En ambas localidades, así como en las otras 164 de Cataluña, la organización se encargó de vocear, difundir y atraer al mayor número de personas a la consulta, sin embargo, lejos de convertirse en un debate de iguales, el «sí» dominó la práctica totalidad de la jornada electoral. «Algunos pocos votantes cogían discretamente la papeleta del «no» con vergüenza de ser vistos», comentaba un miembro de la organización. Lo que acabó por convertirse en la fiesta del «sí» hizo que «muchos partidarios del «no» se quedaran en casa».
Un cura cede la iglesia
La implicación llegó en algunos casos hasta extremos como el del párroco de la iglesia románica de Sant Vicenç de Malla, Josep Guitart, que cedió el templo para «un acto de dignidad». O la movilización de la organización en Pla de l´Estany, que se encargó de llevar una urna a casa de una anciana de 101 años.
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