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Gallardón: «Janucá sameaj», feliz fiesta
Desde el pasado viernes, las ventanas de las casas judías de todo el mundo lucen una «januquía», un candelabro de nueve brazos. Éste es un símbolo que conmemora la consagración del Templo de Jerusalén por Judas Macabeo en el año 165 a. c., lo que supuso la liberación del pueblo judío de los sirios helenistas. Pero «Janucá» y ocho de los nueve brazos de la «januquía» representan algo más: un milagro.
«Cuando se purificó el templo sagrado de Jerusalén no había aceite para encender el candelabro divino. Se encontró aceite en un pequeño cantarito que sólo daba para una noche. Duró ocho días, hasta que se pudo traer aceite puro nuevo», recitó ayer el Gran Rabino de Israel, Shlomo Amar, una de las máximas autoridades religiosas judías. Lo hizo en la Plaza de Oriente en presencia del alcalde madrileño, Alberto Ruiz-Gallardón, y medio millar de personas.
Hasta el próximo jueves cada familia judía realizará tres bendiciones al caer el sol. «La primera, viene con el encendido de una vela; la segunda, para el que hace milagros con nuestros antepasados y con nosotros, y la tercera, la celebración de los milagros con las luces, música y danzas israelíes -rikudim-», informó Samuel Bengio, presidente de la comunidad judía de Madrid.
«Después tomamos dulces y «sufganiot», buñuelos dulces fritos que preparan nuestras madres y que simbolizan el aceite que faltó en el candelabro sagrado», matizó Pablo Jairo, un joven sefardí que acudió a la celebración.
Por segundo año consecutivo, Madrid celebra junto a la comunidad judía uno de sus días de «Janucá». El Ayuntamiento de Madrid y la Casa Sefarad-Israel, de nuevo, lo hicieron posible.
«Apuesta por la tolerancia»
«Madrid es una ciudad cosmopolita que quiere dar ese sentido integrador a la celebración del Janucá», manifestó el alcalde. «Madrid -continuó- quiere hacer siempre una apuesta por la tolerancia con la confianza de que ésta inspirará a todas las confesiones. No se trata de encontrar sólo un espacio donde desarrollar nuestras propias creencias, sino de aceptar también las de los demás».
El Gran Rabino bendijo a todo el pueblo judío, a España e hizo una especial bendición a Sus Majestades los Reyes. A su vez, el regidor capitalino recibió un galardón como muestra de agradecimiento de la comunidad judía. El festejo continuó entre música y danza. Los «kipá» -gorro judío que simboliza que Dios está por encima del hombre- abundaban frente al Palacio Real.
«Janucá», la única festividad judía de cara al público, volverá el año que viene a la capital. Sus luces, que representan «el triunfo de la fe, la libertad y la esperanza de los judíos», de nuevo enriquecerán a la capital en pro de la multiculturalidad.
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