La Cumbre del Cambio Climático entra mañana en su semana crucial. Con la incorporación de los ministros de Medio Ambiente y, posteriormente, a partir del jueves, la llegada de presidentes, jefes de Estado y primeros ministros se espera que la negociación pueda dar un salto cualitativo, toda vez que hasta ahora las posiciones de partida no se han movido ni un ápice.
Por eso, para hoy se ha interrumpido el programa oficial de la cumbre, no tanto pensando en el descanso de los delegados, sino más bien en que éstos continúen los contactos para acercar posiciones sin la algarabía de fondo que supone una cita en la que hay 30.000 participantes registrados.
El objetivo que tienen las delegaciones ahora es allanar el camino hacia el consenso partiendo de un borrador que el viernes se hizo público en el Bella Center, el palacio de congresos que estos días acoge la mayor conferencia sobre cambio climático jamás celebrada. En líneas generales, ese documento de discusión propone un recorte global de emisiones de entre un 50 y un 95% para 2050 con el fin de intentar que la temperatura del planeta no vaya más allá de un aumento de 1,5 o 2 grados centígrados sobre el nivel preindustrial.
Eso sí, ese documento nada dice de financiación a los países en desarrollo ni en qué año debe alcanzarse el pico de emisiones contaminantes antes de empezar a descender. Y precisamente estos son los dos puntos cruciales para la negociación.
Unos hablan de que el límite de no retorno debe situarse en 2015 y otros en 2020. Este tope es vital para que los recortes de emisiones a corto plazo sean más o menos profundos. De momento, la horquilla que se baraja en el borrador del texto de discusión es de un 25-40% para los países industrializados. En el caso de los grandes países en desarrollo, lo que tendrían que hacer no es reducir, sino limitar el crecimiento de sus emisiones entre un 15-30% sobre la tendencia para 2020.
La ayuda de la UE, escasa
Pero para que estos Estados se comprometan hace falta que los países desarrollos pongan sobre la mesa unos 10.000 millones de euros anuales para garantizar la adaptación al cambio climático de los países en desarrollo. Por eso, los 2.400 millones anuales de euros anunciados ayer por la UE para los próximos tres años han sido considerados escasos por las naciones más vulnerables a los impactos del cambio climático.


