
Una torre de 110 metros y estilo «high tech»
El 19 de febrero de 1992, José María Álvarez del Manzano inauguró la torre de iluminación y comunicaciones del Ayuntamiento, popularmente conocida como Faro de la Moncloa. Era el año de la capitalidad cultural de Madrid, y esta obra de Salvador Pérez Arroyo había ganado el concurso para construir lo que pretendía ser un emblema madrileño, que en la época muchos cuestionaron por su carácter vanguardista y su etilo «high tech». Tiene 110 metros de altura, y el acceso al mirador se realiza a través de un ascensor panorámico acristalado, que tardaba 20 segundos en llegar a la cima.
Poco después de su inauguración, un día de fuerte viento se soltaron algunas de las planchas metálicas que recubrían la torre, cayendo al suelo desde una enorme altura sin que se registraran, afortunadamente, desgracias personales ni materiales. Eso sí, hubo que añadir más remaches para reforzar la sujeción de dichas planchas.
En poca semanas, finalizan las obras de modernización y puesta al día del Faro de Moncloa, la torre de comunicaciones que Álvarez del Manzano construyó en 1992 y que está cerrada desde 2005 por incumplir las normas de seguridad. Ahora, una vez subsanados sus problemas, el Ayuntamiento quiere sacar la concesión para explotar un restaurante en la parte superior del Faro y una terraza a ras de suelo.
Cómo una instalación de comunicaciones es gestionada por el área de Hacienda es uno de esos misterios de la administración local. «Era un cadáver cuando lo asumí», reconoce el concejal del área, Juan Bravo. Pasó a depender de la Dirección General de Patrimonio, y ahora tienen ya un plan para sacarle rendimiento.
Lo primero fue repararlo: el Faro tuvo que cerrar en el año 2005, tras el incendio del Windsor: se detectó que no cumplía las más modernas normas sobre extinción de incendios y evacuación.
Obras a punto de acabar
Se incluyó entre los proyectos financiados con el Fondo Estatal de Inversión Local, y se invirtieron en su modernización 4,5 millones de euros. Las obras se han realizado durante este año, y a finales de diciembre estarán terminadas.
Han consistido en trabajos para adecuar la instalación a la normativa vigente, tanto eléctrica como de seguridad, extinción de incendios y evacuación: ascensor y montacargas nuevos, cambios en el trazado de la escalera interior, climatización, reformas decorativas, iluminación... Además, como explicó la directora de Patrimonio, Amalia Castro-Rial, «se ha previsto que las placas metálicas que cubren el exterior cuenten con unos carriles externos que permitan limpiarlas desde fuera, algo que antes no existía».
Una vez acabada la obra, en unas semanas, el Faro podrá volver a utilizarse porque cumplirá con la normativa en vigor. De hecho, el Gobierno municipal ya tiene planes para su futuro: según el proyecto que maneja el área de Hacienda, que dirige el concejal Juan Bravo, la idea es sacar la concesión del Faro para que sea explotado como restaurante, tanto en la zona de arriba -con una espectacular vista sobre Madrid- como en superficie, en forma de terraza. Una instalación, la exterior, que «podría estar abierta entre 6 y 7 meses al año», explica el concejal.
El sector lo estudia
Representantes del sector estudian en la actualidad las posibilidades de la instalación, con el complemento de la terraza exterior, porque «sólo la zona de arriba es poco rentable porque tiene escasa capacidad. Lo que queremos -matizó Juan Bravo- es que sea un único concesionario, tanto para el restaurante como para la terraza en superficie».
El proyecto de reforma lo ha llevado a cabo el mismo arquitecto que diseñó el Faro: Salvador Pérez Arroyo. La reforma interior es, en definición del concejal de Hacienda, «espectacular», con techos, suelos y paredes decorados en negro y una franja de luz deslumbrante que proviene de la cristalera que rodea la parte superior del edificio. También cuenta con una nueva iluminación muy original. «Va a convertirse en un sitio de referencia en restauración», asegura el responsable de Hacienda, que considera que la iniciativa conseguirá poner en valor un espacio que actualmente estaba inutilizado.


