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En el 118 de la madrileña calle de Goya abrió la CIA en 1957, de acuerdo con el Gobierno de Franco y en secreto, su primera oficina en España. El objetivo: «exprimir» a los repatriados de la URSS entre 1956 y 1960
Proyecto Niños: La CIA «abre» en España
Actualizado Domingo , 13-12-09 a las 06 : 21
Me es muy grato comunicarle que, en general, las personas que se han entrevistado demuestran cierta cooperación y han suministrado información de valor inestimable tanto para este Servicio —subsecretaría del Ministerio de la Gobernación— como para el Alto Estado Mayor español sobre objetivos industriales y militares, contra-espionaje y grado de eficacia de las emisiones en ruso de carácter anticomunista de “Radio Nacional de España” y otras emisiones del mundo libre». El documento dirigido a la Comisión de Repatriados, de 4 de mayo de 1957, «sobre los interrogatorios» a los «niños de la guerra», exiliados y pilotos de Kirovavad que habían vuelto de la URSS desde septiembre de 1956 en cinco expediciones marítimas —habría otras tres más— da cuenta de la pericia policial para la obtención de datos: de los 419 interrogados hasta el 31 de marzo del 57 habían sido clasificados «2 como agentes confesos de haber recibido misión del Servicio Soviético para obrar en España, como posibles agentes a 89 y a otros 75 como sospechosos de haber recibido misión que no se ha podido comprobar hasta el momento; 39 tuvieron entrenamiento en las Escuelas del Servicio de Información ruso, 29 han sido miembros y todavía pueden serlo de la NKVD (posteriormente KGB) Servicio Ruso de Interior, 17 han servido en el ejército ruso, 98 han pertenecido al Partido Comunista Español en Rusia o al Partido Comunista Ruso, 36 al Komsomol (organización juvenil comunista), 224 han solicitado el pasaporte para volver a Rusia, 50 han regresado y cerca del 90% son ciudadanos soviéticos».
Para Rafael Moreno Izquierdo,profesor de la Universidad Complutense de Madrid que ha sacado a la luz los documentos que constatan por parte española este episodio crucial de los servicios de espionaje en España, no cabe duda de que la maquinaria de obtención de información organizada por Agencia Central de Inteligencia (CIA) «funcionaba con buen rendimiento en las instalaciones que había financiado en el 118 de la calle Goya de Madrid». Exactamente la misma sede del Centro de Investigación Especial (CIE), creado por el Gobierno de Franco en 1957 para, en una colaboración con los americanos que exigía discreción absoluta por ambas partes, «estudiar y analizar los historiales e interrogatorios de la totalidad de los repatriados, así como su calificación y clasificación, actuaciones, conocimientos y vida de cada uno de ellos», según revela un informe del Servicio de Información, dependiente de la Dirección General de Seguridad, de 9 de julio de 1958.
El manual para interrogar
La CIA, cuyo responsable en España fue el puertorriqueño Ezequiel Ramírez, denominó a este programa «Proyecto Niños» y, como se reseña en la documentación procedente del Archivo General de la Administración, el Ministerio de la Gobernación acordó para llevarlo a cabo un «interrogatorio que se desarrolla con arreglo a muy amplios cuestionarios sobre cada uno de los siguientes temas: Exacta información sobre los trabajos y actividades político-sociales que los repatriados han tenido durante su estancia en la Unión Soviética, educación político-moral que han recibido, información y situación de los centros de producción en la URSS (organización, cuadros de centros militares, fábricas de aviación, comunicaciones, etc.), recoger el actual ambiente político del pueblo soviético, experiencias obtenidas, posibilidad de adaptación a la vida occidental, conocer sus actuales necesidades para su remedio, contrastar los efectos de la propaganda occidental en el mundo comunista, a través de sus emisiones de radio, y, en general, toda clase de informes de interés político-militar». Y «para que la oficina de interrogatorios obtenga todo el fruto necesario» se estipula el 9 de mayo de 1957 dotarla «con un equipo técnico, capaz de apreciar y explotar al máximo las fuentes, muchas de ellas de extraordinario valor formado por cinco agentes de la Dirección General de Seguridad, para poder acelerar el ritmo de los interrogatorios preliminares, y tres mecanógrafos, para poder tener al día los informes que se recogen de las fuentes interrogadas».
La oficina de interrogatorios la dirige el coronel Palacios, que había luchado en la División Azul, hecho prisionero y regresado a España como un ídolo de los divisionarios, y que además era el representante militar en la Comisión de Repatriación que se había creado para hacer el seguimiento de los «niños» y resto de repatriados. En total pasaron por el CIE 1.800 personas, algunas de ellas en varias ocasiones, y se generaron más de 2.000 informes positivos.
Explica el investigador a D7 que «hay varios servicios de información americanos que intervienen en la operación, pero el mayor peso recae sobre el servicio de espionaje de la Fuerza Aérea americana. «Por primera vez se envía a España a un jefe de misión permanente y a equipos de especialistas que van a asesorar a los jefes de caso, militares españoles, y a los operativos, guardias civiles y policías. También mandan a España documentación y pruebas que ayuden a afinar en los interrogatorios y donde la gran carencia son los mapas».
Cuando se crea el CIE, el capitán general Muñoz Grandes, vicepresidente del Gobierno de Franco, es también el jefe del Alto Estado Mayor, donde se concentran los servicios secretos españoles, encuadrados dentro de la Sección V. «Esta circunstancia —subraya el profesor— es también un símbolo: el primer general español que dirige la División Azul contra los soviéticos es el jefe de los espías cuando se interroga a los repatriados de la URSS —sobre los que es prioritario descubrir a los agentes infiltrados y dormidos, agitadores y a los miembros del PCE que pudieran reorganizar su estructura— y además es la persona que tiene línea directa con Franco y su “negociador” para los acuerdos con los americanos».
El Pentágono, a través de la CIA, realiza entonces un gran esfuerzo por intentar conocer al máximo cuál es el desarrollo de los programas de misiles balísticos en la URSS, clave en la batalla armamentística que libra la guerra fría, y el tiempo demostrará que no fue baldío. Así, en el informe «Proyecto Niños» desclasificado por la Agencia Central de Inteligencia en 2007, el relator Lawrence E. Rogers afirma que por ningún otro medio podría haberse conseguido tanta y tan buena información sobre misiles y la industria estratégica soviética.
Idiosincrasia española, al poder
«Pero la colaboración entre españoles y americanos —cuenta Moreno— no fue ningún camino de rosas. Lo primero que se produce es un pequeño choque de mentalidades porque en ese momento algunos de los operativos de los servicios de espionaje tenían doble trabajo, y el volumen de los interrogatorios hacía necesaria su dedicación a tiempo completo, por lo que debían abandonar su segunda ocupación, lo que ocasionó que los americanos tuvieran que compensarles con el pago de salario extra. Además, los españoles son reacios a solventar la comida con un pequeño refrigerio, estamos a finales de los 50 y se impone la comida de tres platos y, si se tercia, siesta, y al final el mando claudica y dice que cada uno haga lo que le dé la gana provocando que los agentes americanos no sólo cumplan su horario, más madrugador, sino que terminen quedándose hasta primeras horas de la noche, a la manera española».
Para el investigador, estamos ante la aceptación completa de España por EE.UU. de donde arranca una colaboración estrecha para beneficios mutuos que también representa la modernización de los servicios secretos españoles. «Además de la oficina de la calle de Goya, y según fuentes del CNI que trabajan en el Alto en ese momento, Ezequiel Ramírez, cuyas botas de vaquero eran inconfundibles, habilita para las distintas secciones de la CIA un edificio encubierto en la calle Menéndez Pelayo de Madrid, donde tenía despacho con caja fuerte. Estaba cerca de la antigua Casa de Fieras de El Retiro, precisamente donde los controladores de la sección de contraespionaje que se creó posteriormente en el Alto, orientada a los países del Este y Cuba, se reunían con los dobles espías». Realmente, de película.
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