Publicado
Viernes
, 11-12-09 a las 04
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Dijo Michelle Obama antes de salir de la base Andrews Air Force en Washington que siempre soñó con visitar la bella capital nórdica de Oslo. Sin embargo la historia de «amor» entre esta ciudad y los Obama no pudo calificarse precisamente de amor a primera vista. Una situación que ha llevado a muchos lugareños: «Si Alfred Nobel levantara la cabeza...».
Corta -apenas 24 horas y prescindiendo de casi todos los actos protocolarios relacionados con el galardón-, con un gasto de unos 14 millones de euros para garantizar su seguridad (en año de crisis), rodeada de la polémica por la concesión del Nobel a un presidente inmerso en dos guerras y con un «no gracias» del mismo galardonado a una invitación del Rey Harald V para que permaneciese en su palacio y para tener un almuerzo personal no es de extrañar que tan sólo uno de cada tres noruegos hayan agradecido la visita del presidente estadounidense, según encuestas publicadas en los medios de comunicación.
El Grand Hotel, blindado
No obstante, también hubo «Obamanía» en Oslo, teniendo como epicentro el Grand Hotel donde los Obama dispusieron de su suite, desde cuyo balcón saludaron, protegidos por una mampara antibalas, a los allí presentes. El hotel estuvo blindado con un fuerte dispositivo policial con agentes apostados en la misma entrada y francotiradores en los tejados.
El día gris y lluvioso tampoco disuadió a los «osloborgers» de acompañar a la comitiva presidencial en su marcha hacia el Auditorio Municipal de la capital noruega donde Obama se convirtió en Nobel de la Paz: el tercer presidente estadounidense en serlo tras Theodore Roosevelt (1906) y Woodrow Wilson (1919).
Jamás se vio a tanta gente en la calle o alrededor de las aceras al paso de la caravana del galardonado, iluminada por los destellos de los helicópteros que volaban sin parar por encima de la ciudad. A Obama, a quien se le espera ahora en la cumbre de Copenhague sobre el Cambio Climático, le acompañaban unas 700 personas, 250 de seguridad y 300 de su Administración.
Hubo pocos y pacíficos manifestantes, con pancartas dónde se podía leer «¿Cambio?», lo que se debe en parte a que los agentes del orden «peinaron» las calles durante toda la mañana e hicieron desaparecer a todo aquel con apariencia hostil.
La primera dama estadounidense eligió un vestido lima-dorado para el ceremonial evento presidido por los Reyes de Noruega, Harald V y Sonia, que contó entres sus numerosas «estrellas» invitadas con el actor estadounidense Will Smith y su esposa.


