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Sarkozy emplea el «no» suizo a los minaretes como arma contra Le Pen
EFE Nicolas Sarkozy, durante una visita la semana pasada a una fábrica de calderas industriales en La Seyne-Sur-Mer, en el sur de Francia
Nicolas Sarkozy espera utilizar los minaretes suizos como arma de combate contra la extrema derecha, que confía en convertirlos en bumerán contra el presidente, transformando el islam francés en campo de batalla sobre la identidad nacional.
Sarkozy cuenta con el apoyo masivo de la opinión pública moderada. Pero teme una hemorragia de votos hacia la extrema derecha, que aspira a presentarse, durante la campaña de las próximas regionales, como la «única» fuerza que defiende una identidad nacional «amenazada».
Antes del «no» suizo a los minaretes, el debate sobre la identidad nacional, abierto por el gobierno, oficialmente estaba centrado en una visión «ecuménica» de Francia. El «no» suizo dejó al descubierto el crecimiento importante de una opinión pública inquieta por las «manifestaciones extremas» del islam.
De forma automática, el debate sobre la identidad nacional, abierto por voluntad presidencial, se ha convertido en un debate sobre el puesto del islam en Francia. Eclipsado Jean-Marie Le Pen, el viejo tribuno ultra, su hija, Marine Le Pen, líder emergente de la extrema derecha, ha entrado rápidamente al «trapo» de los minaretes y afirma que su partido, el Frente Nacional (FN), es el único que defiende «la verdadera laicidad francesa».
Conocedor emérito de la demografía política francesa, Sarkozy comprende y valora con mucha precisión las inquietudes de su electorado conservador. Y utiliza los minaretes suizos como arma de guerra política contra la extrema derecha. Sarkozy retoma, punto por punto, todos los argumentos de la extrema derecha para darles la vuelta y lanzarlos como armas arrojadizas contra los Le Pen.
Cuando los Le Pen denuncian la «ruptura» entre las élites (favorables al islam) y el pueblo (hostil al islam), Sarkozy avanza el «deseo de vivir juntos, respetándose mutuamente». Cuando la extrema derecha denuncia el «aumento escandaloso de los signos ostensibles de religiosidad radical», Sarkozy pide a los musulmanes franceses que practiquen su culto «con modestia y discreción, con respeto fraternal hacia la tierra donde se quiere vivir». Cuando los Le Pen se presentan como defensores del «sufrimiento» del pueblo francés «dolido» con el islam, Sarkozy matiza: «Debemos comprender el sufrimiento expresado por los suizos, compartido por otros pueblos».
Regionales, en marzo
El «duelo» entre Sarkozy y la extrema derecha, utilizando los minaretes suizos como arma política arrojadiza, ariete o bumerán, va mucho más allá de las próximas elecciones regionales. Para la extrema derecha, se trata de una batalla de retaguardia. Jean Marie Le Pen, su líder histórico, tiene 81 años, no consigue imponer el liderazgo de su hija Marine. Y la FN se cotiza a la baja en los sondeos. Los minaretes suizos son el arma de la penúltima oportunidad.
Por su parte, Nicolas Sarkozy piensa al mismo tiempo en las regionales del próximo marzo y en las presidenciales de 2012. Para un presidente y futuro candidato es imprescindible contar con todos los votos de su bando, del centro a la extrema derecha. Y los minaretes suizos no permiten ninguna ambigüedad.
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