Nicolas Sarkozy interpreta el «no» suizo a los minaretes de las mezquitas musulmanas como un «grito de sufrimiento profundo», reflejo fiel de lo que piensan «otros pueblos de Europa», que es necesario «comprender».
El referéndum suizo relanzó el gran debate sobre la identidad nacional francesa en su frente más inflamable: el lugar del islam (entre 5 y 6 millones de musulmanes) en Francia. Todos los sondeos reflejaron automáticamente una creciente hostilidad popular hacia las manifestaciones más llamativas de la religiosidad musulmana.
Sarkozy rompió ayer su silencio con un artículo muy meditado, calculado, parcialmente ambiguo, publicado en «Le Monde», donde el presidente intenta la cuadratura del círculo: «tranquilizar» y «comprender» a su electorado más hostil al islam.
En el punto central de su artículo, Sarkozy dice comprender el «sufrimiento profundo» que refleja, a su modo de ver, el voto suizo: «Los pueblos europeos son tolerantes. Pero no quieren que su marco de vida y sus relaciones sociales cambien de naturaleza. La posible pérdida de su identidad les causa sufrimientos profundos».
A partir de ahí, Sarkozy se dirige a los musulmanes de Francia diciéndoles que él luchará contra toda discriminación, concluyendo: «Debo decir a los musulmanes de Francia que, en nuestro país, donde la civilización cristiana ha dejado una huella tan profunda, donde los valores de la república son parte integrante de nuestra identidad nacional, todo aquello que pudiera parecer como un desafío lanzado contra esa herencia y esos valores correría el riesgo de chocar contra nuestro pacto social y nuestro pacto cívico».



