Un análisis realizado en EE.UU. aseguraba que los restos que tiene Rusia son de una mujer

ABC Adolf Hitler poco después de su proclamación como «führer»
Secreto de estado hasta 1992
Hitler y Eva Braun se suicidan en el búnker el 30 de abril de 1945. Al día siguiente lo harían Josef Goebbels y su familia.
Los cuerpos son enterrados secretamente el 21 de febrero de 1946 en un base militar del Ejército Rojo en Magdeburgo.
Los cadáveres son incinerados el 4 de abril de 1970, y las cenizas arrojadas al río Biederitz. La autorización es solicitada por el entonces jefe del KGB, Andrópov, para evitar la «peregrinación de nazis».
La primera noticia trasciende en septiembre de 1992. Al año siguiente, se habla de la existencia de los restos óseos de Hitler en los archivos.
El fragmento del cráneo con un orificio de bala es mostrado por primera vez en Moscú en abril de 2000.
Pese al análisis de ADN efectuado recientemente en la Universidad de Connecticut con muestras del supuesto cráneo del dictador nazi, Adolf Hitler, en el que se rechaza su autenticidad al constatarse que pertenece a una mujer, los servicios secretos rusos (FSB o antiguo KGB) insisten en la veracidad de sus afirmaciones sobre la procedencia de los restos.
El general Yuri Jristofórov, actual jefe del Archivo del FSB, sostiene que en el Archivo Estatal de Rusia «se guardan trozos del cráneo de Hitler», uno de los cuales presenta un orificio de bala; y en el Archivo del FSB «se conserva parte de la mandíbula». Según sus palabras, «son los únicos restos que han quedado del führer. Lo demás fue incinerado en 1970». Jristofórov subraya que «estas piezas son los únicos testimonios documentales de la muerte de Hitler».
Sin embargo, en un estudio dado a conocer en septiembre por científicos de la Universidad de Connecticut se asegura que el cráneo, según las muestras recogidas por el arqueólogo Nick Bellantoni en un viaje a Moscú, perteneció a una mujer. No se ha podido establecer si era Eva Braun, la compañera del caudillo nazi, al no disponer de una muestra de referencia de algún familiar.
Presunto robo
Al parecer, Bellantoni obtuvo las esquirlas del hueso clandestinamente, aprovechando un descuido de los empleados del Archivo Estatal de Rusia. No está del todo claro si fue él mismo quien lo hizo o alguien del equipo del canal norteamericano Hoggard Films, que logró autorización para acceder al archivo y filmar documentos.
El general Jristofórov, precisamente, advierte que los científicos estadounidenses «nunca nos pidieron permiso para tomar muestras de ADN del cráneo y, aunque las llegaran a obtener, nos preguntamos con qué las compararían para aseverar que no son de Hitler».
El historiador ruso Lev Bezimenski escribió en 1992 que, tras suicidarse en la tarde del 30 de abril de 1945 en el búnker de la Cancillería, los cuerpos de Hitler y Braun deberían haber sido quemados, lo mismo que se ordenó hacer con los de Josef Goebbels, su familia y el general Hans Krebs. Pero, según Bezimenski, fueron hallados «casi intactos» cuatro días después por Iván Churakov, uno de los soldados de las tropas soviéticas que acababan de entrar en Berlín.
La decisión de Andrópov
Los cadáveres fueron enterrados y exhumados después en varios sitios de la capital alemana, y trasladados al cuartel general del Ejército Rojo. Por orden de Stalin, el 21 de febrero de 1946, los restos fueron sepultados secretamente, afirma Jristofórov, en una base militar soviética en el número 36 de la calle Westend, en la ciudad de Magdeburgo. Hasta que, para evitar que la ciudad se pudiera convertir en un lugar de peregrinación, temiendo que fanáticos nazis pudieran averiguar algún día el secreto, el entonces jefe del KGB, Yuri Andrópov, pidió autorización a la cúpula comunista para destruir definitivamente lo que quedaba de los cuerpos.
La incineración de los cadáveres, a excepción de la mandíbula y los fragmentos del cráneo de Hitler, que ya habían sido enviados a Moscú con anterioridad, se llevó a cabo el 4 de abril de 1970 en un descampado a 11 kilómetros de Magdeburgo, junto a la ciudad de Schönebeck. Jristofórov cuenta que las cenizas fueron arrojadas al río Biederitz.
De todo esto se habló por primera vez en Rusia en septiembre de 1992, cuando fue mostrado por televisión un documental sobre la muerte del déspota nazi. Al año siguiente, se reconoció que los vestigios óseos de Hitler estaban en los archivos.
Un pedazo del cráneo fue exhibido por primera vez en la capital rusa en abril de 2000, durante una exposición denominada «Agonía y castigo del III Reich».


