«Estamos en esto para ganar». Con un mensaje de confianza se presentó ayer en Kabul el secretario de Defensa, Robert Gates, tras la decisión del presidente Obama de enviar 30.000 soldados de refuerzo a la guerra de Afganistán. En su visita sorpresa, el responsable civil del Pentágono indicó que la anunciada retirada militar a partir de julio del 2011 será gradual y podría demorarse durante varios años. En este sentido, el presidente Karzai también afirmó que se necesitarán por lo menos quince años hasta que Afganistán pueda asumir sus responsabilidades en materia de seguridad.
Ante un reluctante Congreso en Washington, también prestaron ayer testimonio el general Stanley McChrystal y el embajador americano en Kabul, Karl Eikenberry, para intentar aclarar las grandes dudas del legislativo federal respecto a una escalada bélica en Afganistán.
El general McChrystal explicó que a estas alturas de 2010 se sabrá si ha sido posible ganar la partida a los talibanes, insistiendo en que no existen «balas de plata» que garanticen éxito alguno. Como parte de la nueva estrategia afgana de la Administración Obama, el «New York Times» destacó ayer una multiplicada presión sobre el gobierno de Islamabad para luchar contra los talibanes dentro de los santuarios existentes en el territorio de Pakistán.


