Domingo , 06-12-09
La gente empieza a estar un poco cansada de ver a Zapatero sacar conejos de la chistera. Su último invento, la Ley de Economía Sostenible, ha recibido esta semana el rechazo unánime de los grupos parlamentarios, incluso los aliados habituales del Ejecutivo. Se podría decir, sin embargo, que el anteproyecto -salvo anécdotas- está cargado de buenas intenciones y medidas más o menos orientadas, pero peca de dos defectos: la mayoría de sus propuestas resultan inocuas y da la sensación de que con esta Ley se agota la voluntad de reformas por parte del Gobierno. Y eso sí resulta terrible.
Zapatero no ha entendido la gravedad de la situación. El país va camino de cinco millones de parados y con un déficit público desbocado que puede comprometer la supervivencia del Estado como lo conocemos ahora. Si fuese consciente del alcance y repercusiones de esta crisis, el pasado día 2 no habría presentado este catálogo de buenas intenciones, sino que habría anunciado medidas de gran calado al menos en los frentes laboral, fiscal y energético.
El Gobierno no puede seguir agarrado a su obsesión de que los empresarios quieren recortar los derechos de los trabajadores, sobre todo porque no es verdad. Lo que la patronal plantea es sustituir los contratos temporales por un nuevo contrato indefinido con indemnización progresiva según antigüedad. El contrato temporal es el auténtico cáncer de la economía española. Supone una losa sobre la productividad de las empresas y condena a las perrsonas a la precariedad y al ostracismo social. Tal vez lo más sensato sería preguntar a los afectados si prefieren concatenar contratos temporales o acceder un contrato indefinido sin indeminización. La respuesta parece obvia.

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