«El turismo no se va a recuperar ni en diez años», pronostica un español que lleva ocho años en el país magrebí
LUIS DE VEGA
Actualizado
Sábado
, 05-12-09 a las 14
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El secuestro de los tres cooperantes españoles puede acabar de dar la puntilla al maltrecho sector turístico mauritano. El panorama es desolador en la mañana del viernes en el Hotel Sabah, en la playa de Nuakchot. No se ve ni un cliente. En la recepción explican que al día siguiente de que desaparecieran Albert Vilalta, Roque Pascual y Alicia Gámez los operadores que debían traer a dos grupos de turistas franceses en los próximos días anularon las reservas.
Diciembre y enero es temporada alta. Pero desde hace dos años el número de visitas ha bajado en picado. Nadie esconde que lo peor fue la suspensión del rally Dakar.
«El turismo no se va a recuperar ni en diez años», afirma José Javier Legarra, un arquitecto español que lleva ocho años viviendo en Mauritania. «Lo que nos atraía de este país, sus grandes espacios y su tranquilidad, se nos está acabando», reconoce apenado refiriéndose a la nueva amenaza terrorista. «Y esto va cada vez a más».
El francés Nicolas González y su mujer Marie acaban de regresar de la zona de Atar, más al norte, donde cada vez está más desaconsejada la llegada de turistas por la amenaza del entorno de Al Qaida. Se han enterado de que hay tres rehenes españoles pero siguen su viaje.
«Tomo precauciones. Me informo con la Policía, la Gendarmería y el Ejército y sólo sigo itinerarios que me dicen que son seguros», comenta este hijo de un republicano almeriense que huyó a Francia durante el franquismo.
Atar, Uadane y Chinguetti, son tesoros del desierto mauritano para los viajeros. Muchos llegaban en caravanas de vehículos 4x4 imitando a sus ídolos del rally Dakar, que también frecuentaba esta región. Ya no.
Nicolas y Marie van a seguir en su vehículo todoterreno la llamada carretera de la Esperanza que lleva en dirección sureste hacia la frontera de Malí. Asegura que nadie se lo ha desaconsejado. Deberán pasar por Aleg, donde hace dos años fueron asesinados cuatro franceses. Cree que no pasará nada «inchallah» (si dios quiere, en árabe).


