La inmigración ilegal es la que más preocupa a la población, porque aumentan la delincuencia y es una carga para los servicios sociales. Por eso, son más los partidarios de exigir a los sin papeles que vuelvan a sus países de origen
La inmigración está mal vista
Los españoles ya han perdido las formas políticamente correctas ante el fenómeno de la inmigración. La mayor parte (58%) lo ve más como un problema que como una oportunidad (36%), incluso la mitad cree que hay demasiadas personas de otros países residiendo en el nuestro. Sin embargo, también entienden que aporta algunos aspectos positivos, porque existe un amplio consenso en torno a la idea de que la convivencia con personas originarias de otras naciones enriquece nuestra cultura.
Y ahora con la profunda crisis económica aunque no se tiene una visión muy perjudicial sobre la inmigración, los españoles sí creen que afecta a sus sueldos. Si bien la mayoría piensa que los inmigrantes no quitan el trabajo, pues ocupan puestos que no quieren los nacionales, un 55% sí les hacen responsables de que bajen nuestros salarios. Es más, el 73% considera que los extranjeros se benefician más de los servicios de salud y seguridad social de lo que aportan con sus impuestos. Aún así, el 68% les daría la oportunidad de quedarse de forma permanente y el 53% les reconoce su derecho a votar en las elecciones municipales.
Todos estos son datos de la encuesta «Transatlantic Trends Immigration», llevada a cabo por la German Marshall Fund de Estados Unidos en colaboración con la Fundación BBVA y otras entidades europeas. El estudio revela la opinión de 8.000 ciudadanos de ocho países diferentes: EE.UU., Canadá, Alemania, España, Francia, Italia, Reino Unido y Países Bajos.
Los ilegales
En España, al igual que en Estados Unidos, es donde más preocupa la inmigración ilegal que se cree muy superior a las personas que llegan con todos sus papeles en regla. Algo que no ocurre en el resto de países, donde consideran que la mayor parte de sus extranjeros están regularizados según la normativa vigente.
Y sobre ese grupo que tanto preocupa surgen las peores opiniones, pues la mayoría de los españoles (70%) piensan que aumentan la delincuencia y son una carga para los servicios sociales (escuelas y hospitales). Motivos por los que consideran que se les debería exigir que vuelvan a sus países de origen (48%), mientras un porcentaje inferior (45%) estima que se les tendrían que dar la oportunidad de legalizar su situación.
A pesar de todo, una vez más, los españoles hacen gala de su sentido solidario muy por encima del de otros países. Aunque poseen una mala imagen de la población irregular, creen que la forma más efectiva de reducir ese tipo de inmigración es aumentando la ayuda al desarrollo en los países más pobres. Hay muchos menos partidarios de reforzar los controles fronterizos o de imponer penas más duras a quienes dan trabajo a los ilegales. Sorprende que en Alemania es esta última alternativa la que predomina.
Quizá por esta visión más bien negativa de la inmigración, los españoles suspenden al Gobierno en la forma de gestionar este fenómeno, ya que el 64% considera que lo ha hecho mal o muy mal.

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