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El ex atleta olímpico mauritano Sidahmed Mohamedu es el jefe del destacamento de la Gendarmería mauritana que ayer acompañó a la caravana de cooperantes españoles hasta la frontera senegalesa. Mohamedu corrió 5.000 y 10.000 metros en Barcelona 92 y en Atlanta 96 antes de cambiar la camiseta de tirantes por el uniforme verde.
Seis hombres le acompañaban en la mañana del miércoles a bordo de una camioneta todoterreno. Iban armados con kalashnikov, cubiertos con chaleco antibalas y llevaban una tetera y un camping gas para las paradas.
El grupo, especialista en el acompañamiento a personalidades que visitan Mauritania, Mohamedu no sabía bien, sin embargo, si ir abriendo la caravana o cerrándola. Los primeros kilómetros iban abriendo paso, con uno de los gendarmes con el rostro cubierto con un pasamontañas apostado sobre la cabina del vehículo.
Les seguían seis camiones y cinco coches de la ONG Barcelona-Acció Solidària. Habían tomado la decisión de continuar con su misión a pesar de que nada se sabe de sus tres compañeros secuestrados el domingo. Haciendo de tripas corazón tenían todo preparado. La enfermera Marta Coll pasaba lista y se aseguraba de que todos tomaban la medicación para prevenir la malaria.
«Lo hacemos por ellos», decía con rostro algo fatigado Antoni Camps, responsable de la expedición, minutos antes de emprender la marcha desde el recinto de la Embajada de España. «Creo que esta es la mejor opción» y «a ellos les gustaría», añadió Camps, aunque «los ánimos están compungidos».
Superado el pequeño caos que supone el tráfico de la capital mauritana, los vehículos tomaron buena velocidad por una carretera recta y relativamente bien asfaltada. Los controles militares, que empiezan apenas se sale de la ciudad, estaban avisados. Además, abria paso la camioneta con los siete gendarmes de la escolta.
Dos esperan en Nuakchot
En Nuakchot se ha quedado el presidente de la ONG, Josep Carbonell, junto a otro de los integrantes del grupo. Esperan noticias de los tres rehenes mientras van y vienen del hotel a la legación diplomática precisamente en el coche en el que iban los tres secuestrados.
Había salido a despedirles el embajador, Alonso Dezcallar, que está encabezando las gestiones del Gobierno español ante las autoridades del país magrebí para obtener la liberación. «El año que viene hay aquí paella», les dijo con ánimo optimista el diplomático mientras cargaban los últimos bultos en los camiones y se despedían, algunos con lágrimas en los ojos, de los dos que se quedan en Nuakchot. Les dijo además que las autoridades senegalesas habían informado de que la caravana también iría escoltada en su territorio.
Muchos del cooperantes iban en los camiones con la mente puesta en algún lugar de ese enorme y endiablado desierto donde, seguramente, se encuentran cautivos Albert, Roque y Alicia. Sus compañeros.
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