La reforma legal planteada por el PSOE para «obligar a soportar el ruido ambiental de los aviones» aviva la preocupación de una sociedad que sobrevive con un exceso de ruido que merma su salud y condiciona sus vidas, y que las administraciones no escuchan
Mapa de los sonidos de España
Oídos sordos
Un cuarto de la población mundial está expuesto a niveles de ruido inaceptables: 130 millones de personas residen en zonas que superan los 65 dB, límite que la OMS establece en la tolerancia al ruido.
Sonidos que matan
Mientras que el canto de un pájaro apenas supera los diez decibelios, el claxon de un automóvil puede llegar a los noventa, las discotecas y las motos sin silenciador pueden llegar a los 110 y 115 decibelios, respectivamente. La presión acústica se vuelve dañina a unos 75 dB-A (tonos altos) y dolorosa cuando se presentan alrededor de los 120 dB-A. En realidad, cuando llega a los 180 dB-A, puede causar la muerte
Alertas
Irritabilidad, alteraciones del sueño, agresividad y depresión son una señal de alarma que de nuestro oído: estamos al borde de la sordera producida por exceso de ruido.
En el Imperio Romano existían normas para controlar el ruido emitido por las ruedas de hierro de los vagones que golpeaban las piedras de la calzada y perturbaban el sueño de los romanos. Por su parte, en algunas ciudades de Europa medieval no se permitía usar carruajes ni cabalgar durante la noche para asegurar el reposo de la población.
Desde siempre, el ruido y sus efectos nocivos para el hombre han sido causa de preocupación al incidir directamente en el nivel de calidad de vida.
La reforma legal planteada el lunes por el PSOE con la que se quiere obligar a los ciudadanos a soportar el impacto ambiental producido por los aviones en las proximidades de aeródromos aviva la preocupación y genera el desasosiego de millones de personas: sólo entre las ciudades de Madrid y Barcelona esta enmienda a la normativa de navegación aérea afectaría a 9.000.000 de ciudadanos.
Vivir en las inmediaciones de un aeropuerto merma la calidad de vida y atenta a la salud de las personas. Para Facua-Consumidores en Acción, «la enmienda del PSOE a la Ley de Navegación Aérea de 1960 no exime a las administraciones pertinentes de indemnizar por daños y perjuicios a los ciudadanos», aclara su portavoz, Rubén Sánchez.
Nuestro país es el segundo más ruidoso del mundo, por detrás de Japón, y entre las comunidades españolas cabe destacar a Valencia y Madrid como las más afectadas por el exceso de decibelios, según se desprende del último informe de Condiciones de Vida elaborado por el Instituto Nacional de Estadística. Según los datos del INE, el 21,8 por ciento de los ciudadanos españoles manifiesta sufrir excesiva contaminación acústica, un porcentaje que se eleva al 32,6 en el caso de la Comunidad Valenciana, la más ruidosa de España. Aragón, por su parte, es la comunidad autónoma en la que los vecinos aseguran vivir con menos ruido de España: tan sólo un 13 por ciento de sus residentes admite tener problemas con la contaminación acústica.
65 decibelios de máximo
La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece el máximo que puede y debe escuchar el oído humano en 65 decibelios o, lo que es lo mismo, el ruido de un aspirador doméstico funcionando a máxima potencia. De hecho, esa es la cifra establecida por las legislaciones europeas en materia de ruido.
Según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), en el mundo más de 130 millones de personas están afectadas por un nivel sonoro superior a los 65 dB y otros 300 millones residen en zonas de incomodidad acústica (entre 55 y 65 decibelios).
En Europa, el 20% de la población sufre igualmente niveles de ruido ambiental considerados como «inaceptables», una realidad que contrasta con la falta de sensibilidad ante este problema por parte de la Administración, según denuncian las organizaciones de consumidores.
La presión acústica se vuelve dañina a unos 75 dB-A (tonos altos) y dolorosa cuando se presentan alrededor de los 120 dB-A. En realidad, cuando llega a los 180 dB-A, puede causar la muerte.
Mientras que el canto de un pájaro apenas supera los diez decibelios, el claxon de un automóvil puede llegar a los noventa, las discotecas y las motos sin silenciador pueden llegar a los 110 y 115 decibelios, respectivamente.
La exposición al ruido intenso ya sea de forma constante como aleatoria puede desencadenar peligrosos efectos adversos. «Irritabilidad, alteración del sueño, agresividad, depresión y ansiedad podrían parecer los daños ocasionados por la contaminación acústica, pero son algo más que eso: es la forma en la que nuestro cuerpo nos manda una señal de alarma y que facilmente desembocará en una sordera», alerta María Teresa Heitzmann, experta en Otorrinolaringología de la Clínica de Navarra. Para la doctora, las lesiones en las células ciliadas externas son un riesgo al que nos tendremos que enfrentar si sometemos nuestro oído a un nivel excesivo de ruido.
Suspenso en aislamiento
En el caso de impactos ambientales «ruido en las calles, entornos laborales ruidosos y, cómo no, vivir en las inmediaciones de aeropuertos y otros medios de transporte, el único as en la manga del ciudadano es aislar su vivienda lo mejor posible para no sufrir tantas lesiones», recomienda Heitzmann. Sin embargo, los españoles tampoco tenemos suerte en eso: varias de nuestras ciudades están entre las más ruidosas del planeta y somos uno de los países europeos que menos aísla su vivenda, según un estudio de Afelma, la organización que integra a fabricantes de lanas aislantes para edificios.
Los decibelios atacan sin reparos «de igual modo a niños que ancianos, ya que no hay perfiles más predispuestos a sufrir alteraciones en el oído. Sólo -argumenta- se han descrito algunas alteraciones genéticas que son susceptibles al ruido».
El silencio también duele
Sin embargo, la doctora aprovecha para romper mitos y nos asegura que en las ciudades no estamos más sordos en nucleos poblacionales de ámbito rural. «No sufrimos más sordera en ciudades grandes que en el resto. Además, hay que tener en cuenta que la ausencia de sonido es tan perjudicial para la salud como el exceso de él: nuestro oído corre el riesgo de insensibilizarse».
Heitzmann aprovecha para advertir sobre el uso incorrecto de aparatos reproductores de música «como mp3, mp4 y dispositivos de telefonía móvil: son verdaderamente peligrosos, sobre todo entre la población joven, ya que cuanto antes se produzca la lesión, mucho peor», alerta.

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