El PSOE intentó calmar los ánimos de los artistas de la «zeja», enviando a Lanzarote a Pedro Zerolo
El Gobierno, impotente, pide ahora ayuda a la ONU para resolver el «caso Haidar»
El lunes la multaron y ayer intentaron cachearla
Hoy comienza el decimoséptimo día de ayuno de una Aminatou Haidar extremadamente débil, pero firme en su postura y que está consiguiendo con su acción una resonancia y una publicidad inusitadas para la causa saharaui, aunque sea a costa de su salud.
Igual que la multa de 180 euros que el lunes le impusieron a Haidar por alterar el orden público tras una denuncia del director del aeropuerto de Arrecife se convirtió en la anécdota del día, ayer se produjo otro episodio inesperado e inexplicable.
Cuando, como cada mañana, Aminatou Haidar se dirigía, desde las cocheras donde acostumbra a pasar la noche, al aseo del área Internacional, la Guardia Civil se empeñó, en cachearla antes de permitirle el acceso.
Haidar se negó y regresó a su «despacho», la colchoneta que tiene instalada en la Terminal 1 del aeropuerto de Arrecife y desde la que ayer, dio audiencia además de a Pedro Zerolo, a varios políticos locales, al jefe del gabinete de Moratinos, Agustín Santos, y al premio Nobel de Literatura José Saramago.
El caso Haidar empieza a rozar el esperpento mientras el Gobierno se desliza peligrosamente por un tobogán que parece dirigirle de forma directa y a velocidad creciente hacia el descrédito. Incapaz de encontrar una solución y atrapado en una encrucijada de la que no sabe cómo escabullirse, el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero anunció ayer que, tras el fracaso de Exteriores, lanzará un llamamiento para que intervenga la ONU. Así lo confirmó ayer el jefe del Gabinete de Moratinos, Agustín Santos, al afirmar que «el Gobierno quiere reiterar su disposición, por un lado, a mantener esas gestiones, y ha informado a Naciones Unidas y ha pedido también la intervención del secretario general de la ONU para entablar un diálogo con las autoridades marroquíes para encontrar una solución a esta cuestión».
El Gobierno vive atrapado en sus errores, sus contradicciones y su temor a incomodar a Rabat. No debió permitir que Marruecos devolviera ilegalmente a Haidar desde El Aaiún. Mucho menos dejar que viajara sin pasaporte y, una vez de regreso en Lanzarote, acceder a que superara la frontera. Sobre todo, porque ella avisó desde el primer instante que todo eso lo hacía en contra de su voluntad.
Durante casi dos semanas, Exteriores miró hacia otro lado. Nadie visitó a la activista. Nadie la ofreció una solución y sólo cuando el colectivo de artistas de la «zeja» comenzó a movilizarse, se produjo la reacción de Moratinos. Tres ofertas, entre ellas, la de concederla una «nacionalización-exprés». Las tres descartadas por la saharaui que exige el regreso a El Aaiún, para volver con sus hijos, pero con el mismo pasaporte que le fue arrebatado por Marruecos, país que sólo accede estudiar la posibilidad de concederle uno nuevo.
Así, el Gobierno no quiere disgustar a Marruecos, pero al tiempo aparece como traidor a una causa como la saharaui, tradicional bandera de la izquierda. Una incoherencia que le ha acarreado críticas duras de sus «artistas». Los mismos que hicieron campaña por Zapatero en las pasadas elecciones claman ahora contra él. Como el actor Willy Toledo que aseguró que ya no confía en el presidente.
«La culpa es de Marruecos»
Para intentar recomponer su imagen, el PSOE envió ayer a su secretario de Movimientos Sociales, Pedro Zerolo, como emisario especial. Al salir, su mensaje no fue para Haidar, sino para los artistas: «La culpa es de Marruecos. Haidar y su causa cuentan con toda nuestra solidaridad». Una causa que, por cierto, el Gobierno del PSOE ha defendido más bien poco.
De hecho, Zapatero, desde Estoril, fue más bien inconcreto al anunciar que iba a presentar a la activista saharaui «nuevas iniciativas, nuevas propuestas». El plan, en realidad, era pasarle la pelota a otro: a Ban Ki-moon.

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