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Un pastor vio adentrarse en el desierto un todoterreno «pick-up» gris. Antes del asalto había dos vehículos en el arcén
Eran las siete y cuarto de la tarde del domingo y les faltaban unos 170 kilómetros para llegar a Nuakchot, la capital mauritana. «Para, para, un militar con metralleta», tronó la radio interna que comunicaba el convoy de la ONG Barcelona Acció Solidària integrada por once vehículos. La llamada procedía del último coche, un Land Rover Defender en el que viajaban los cooperantes Roque Pascual Salazar, Albert Vidalta Cambra y Alicia Gámez Guerrero. Sus compañeros, que circulaban en otro todoterreno unos 400 metros por delante, oyeron unos disparos pero no pudieron ver nada por el retrovisor debido a que había un cambio de rasante en la carretera.
Dos de los vehículos dieron media vuelta y acudieron de inmediato al lugar del asalto, pero ya sólo encontraron el Land Rover vacío. Estaba parado en mitad de la carretera, con las luces encendidas, las dos puertas delanteras abiertas y también la trasera del lado derecho. Todo había sucedido en unos minutos; no faltaba nada material, ni objetos personales ni siquiera el dinero -una cantidad nada desdeñable-, según fuentes diplomáticas.
Este es uno de los primeros indicios que llevó a Interior a inclinarse por una acción de Al Qaida en el Magreb Islámico y descartar la acción de delincuentes comunes que habrían arramblado con cualquier objeto de valor.
Los propios cooperantes han explicado que vieron unas huellas de pisadas en la parte derecha de la calzada como si los secuestradores hubieran reunido allí a sus tres compañeros antes de obligarlos a subir a otro vehículo; a sólo cien metros eran visibles las rodadas aún intactas de ese transporte.
Versiones distintas
Ese mismo rastro se encontró a unos 600 metros, adentrándose en el desierto por el lugar donde se supone que huyeron los captores con sus víctimas, tal y como comprobaron los miembros de la Gendarmería Nacional mauritana, responsables de la investigación y que han seguido esas huellas desde entonces. Un pastor que andaba por el arenal y que también distinguió las rodadas aseguró que vio alejarse un todoterreno tipo «pick-up» de color gris.
Estas pistas contrastan con las declaraciones tomadas después a varios integrantes del grupo que iban en la cabecera de la expedición. Señalaron que antes del asalto, cuando rebasaron ese punto vieron a una persona vestida con un uniforme verde, aunque tampoco pudieron concretar si era de tipo militar. Esos testimonios coinciden en que había dos vehículos estacionados en ambos arcenes de la carretera. Sin embargo, los agentes mauritanos sostienen que en la arena sólo había rastros de rodadas de un vehículo, una circunstancia cuanto menos extraña por la dificultad de que capturados y supuestos terroristas cupieran en un coche.
En el Land Rover de las víctimas no se halló ni un solo impacto de bala ni rastros de sangre; en los alrededores de la zona, que fue peinada, tampoco había indicios de que los secuestrados hubieran sufrido algún tipo de daño, según los gendarmes. Junto al todoterreno, se recogieron ocho casquillos del 7,62 mm que aparentemente corresponden a disparos de un fusil Kalashnikov. Muy cerca del coche, a la intemperie y con las puertas abiertas, los secuestradores dejaron tirado u olvidado un pantalón de «boubou» nuevo, la prenda típica mauritana o senegalesa. Al encontrarse sólo la parte de abajo del traje y no el kaftán ni el «boubou» propiamente dicho se sospecha que esas prendas fueron utilizadas para ocultar las ropas occidentales de los cooperantes.
El convoy estaba formado por seis camiones (uno de ellos con dos remolques) y cinco todoterrenos y había salido de Nuadibú tras entregar en esa ciudad, la capital comercial del país, material humanitario. Las 37 personas, casi todas catalanas y entre los que viajan varios bomberos y un mosso d´Esquadra, habían pasado allí la noche. La caravana, muy llamativa por sus dimensiones y conocida actividad en el norte de África, paró unos 30 kilómetros antes del secuestro, en un área de servicio situada a unos 200 kms. al norte de Nuakchot. Allí repostaron y siguieron la ruta, igual que han hecho en los últimos nueve años por estas fechas. Quizá su dedicación fue suficiente pista para los terroristas.
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