
Talibanes detenidos -con gran cantidad de armamento- por el Ejército paquistaní junto al paso fronterizo de Jíber / AFP
Miércoles
, 02-12-09
La segunda cara del frente «Af-Pak» vive inmersa en una ofensiva abierta en Waziristán del Sur contra Tehrik-e-Taliban Pakistán (TTP), una organización formada por grupos insurgentes unidos bajo el mando de los Mehsud. Su objetivo de desestabilizar el país e imponer la sharia. Tras un mes de operaciones, el Ejército controla los principales centros urbanos de esta agencia tribal que servía de santuario para Hakimulá Mehsud y sus más de diez mil hombres. En los últimos años habían desafiado la autoridad de Islamabad a base de atentados.
«Es una lucha contra aquellos talibanes que operan dentro de Pakistán y contra los elementos de Al Qaida que les apoyan; el resto de grandes líderes del movimiento cuyo objetivo es la yihad afgana son intocables», asegura el analista y escritor Ahmed Rashid en referencia al mulá Omar, Gulbudín Hekmatyar o Jalaludín Haqqani.
El romanticismo de la yihad
Pakistán mantiene un dispositivo de cien mil hombres a lo largo de los 2.612 kilómetros de frontera con Afganistán y junto a Waziristán del Sur. Hay operaciones antiterroristas en Bajaur o Jíber, lugar estratégico para el paso de mercancías para las fuerzas OTAN en Afganistán, donde ayer acabó con la vida de 36 insurgentes. El halo de romanticismo que rodeaba a la yihad cayó en cuanto los talibanes se hicieron con el control del valle de Swat e intentaron avanzar hasta la vecina Buner la pasada primavera.
Después de conocer lo que hicieron en el país vecino, los paquistaníes por primera vez vieron muy de cerca los dientes a la fiera. «Allí demostraron que por encima de la sharia, tenían una agenda política que consistía en llegar hasta Islamabad y eso fue demasiado», opina el director del Centro para la Investigación de Estudios de Seguridad, Imtiaz Gul.
Sobre el papel Pakistán no combate contra los talibanes afganos pese a las presiones de EE.UU., que les sitúan en suelo paquistaní. Sin embargo, la colaboración entre Washington e Islamabad permite que los aviones no tripulados americanos lleven a cabo ataques en toda la zona fronteriza. Ataques «perfectamente coordinados en los que nosotros señalamos los objetivos sobre el terreno», desvelan expertos de los servicios de inteligencia consultados en Islamabad. Ante la opinión pública, sin embargo, los dirigentes paquistaníes piden el fin de estas acciones que califican de «injerencia».
La opinión pública respalda el uso de la fuerza contra los fundamentalistas y apuesta por un islam moderado, pero la línea que divide a talibanes paquistaníes y afganos es muy estrecha, especialmente cuando una organización como Al Qaida mantiene vínculos con ambos bandos. «El futuro de Al Qaida depende de la supervivencia de los santuarios en la frontera afgano-paquistaní», mantienen los servicios de inteligencia.


