
Un cadete lee el libro "Kill Bin Laden" mientras espera el discurso de Obama en West Point / AFP
PEDRO RODRÍGUEZ | WASHINGTON
Actualizado
Jueves
, 03-12-09 a las 04
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Tras varios meses de deliberaciones, Barack Obama finalmente anunció anoche sus planes para la guerra de Afganistán. En un anticipado discurso a hora de máxima audiencia televisiva -desde el simbólico escenario de la academia militar de West Point- el presidente de Estados Unidos planteó tanto el despliegue acelerado de 30.000 soldados adicionales como un plan para poner punto y final al conflicto afgano en el plazo de tres años.
Según Obama su intención es que los refuerzos americanos sean desplegados "al ritmo más rápido posible" durante la primera parte del 2010. Según el presidente, el objetivo fundamental durante 18 meses será ayudar a "crear las condiciones para que Estados Unidos transfiera responsabilidad a los afganos". Con el deseo de que las primeras tropas del Pentágono puedan retirarse a partir del mes de julio del 2011.
Con estas órdenes, el Pentágono dispondrá para la campaña de verano del año que viene de más de 100.000 soldados propios en el frente afgano, la mitad enviados a ese destino bélico por el presidente Obama. Además de otros 45.000 efectivos de la OTAN. Volumen de fuerzas comparable e incluso superior al que desplegó la Unión Soviética en su fracasado intento de ocupar Afganistán.
Esta vez, los primeros refuerzos del Pentágono serán miles de infantes de Marina que empezarán a desplegarse para las Navidades. Junto a renovados combates en zonas como Helmand y Kandahar, donde los integristas tiene sus raíces más profundas, la nueva estrategia tendrá como prioridad proteger aproximadamente una docena de los principales centros de población afganos. Además de un masivo esfuerzo para entrenar, dotar y más que duplicar el tamaño de las fuerzas afganas policiales y militares.
El presidente Obama, junto a un intenso ejercicio de diplomacia telefónica con destacados líderes internacionales que no llegó hasta la Moncloa, también extendió ayer una solicitud de ayuda adicional a la OTAN. Según el ocupante de la Casa Blanca: "Nuestros amigos han luchado, sangrado y muerto junto a nosotros en Afganistán. Ahora, debemos juntarnos para terminar esta guerra con éxito. Porque lo que está en juego no es simplemente una prueba sobre la credibilidad de la OTAN, lo que está en juego es la seguridad de nuestros aliados y la seguridad común del mundo".
Washington desea que sus aliados aporten entre 5.000 y 10.000 efectivos adicionales. Pero entre los países de la Alianza Atlántica se nota la creciente impopularidad de la guerra de Afganistán y el lastre de la desconfianza que produce el ineficaz y corrupto gobierno de Kabul. Según indicó anoche Obama, algunos aliados "han facilitado ya tropas adicionales y tenemos la confianza de que habrá contribuciones adicionales durante los próximos días y semanas".
La nueva estrategia de Washington impondrá concretos requisitos políticos y militares al gobierno de Kabul. Según Obama: "Como ya hemos hecho en Irak, ejecutaremos esa transición responsablemente, tomando en consideración las condiciones sobre el terreno". Aunque según el presidente de Estados Unidos, "debe quedar claro al gobierno de Afganistán, y sobre todo al pueblo afgano, que ellos serán en última instancia responsables de su propio país".
Una parte de los correligionarios de Obama en el Partido Demócrata ya han avanzado su oposición a intensificar la guerra de Afganistán, entre temores a un castigo en las legislativas del año que viene. Los sectores más conservadores del Partido Republicano también han expresado críticas pero con diferentes argumentos. Según figuras como el ex vicepresidente Cheney, poner un plazo a la presencia militar de EE.UU. sólo favorece a los talibanes. Con reproches de que Obama es muy bueno proyectando «debilidad» al enemigo por su lento estilo de tomar decisiones con la intención de contentar a todo el mundo.
Como medida de presión contra una escalada sin fondo al estilo del presidente Johnson en Vietnam, algunos legisladores demócratas insisten en que la Administración Obama imponga nuevos impuestos para financiar la guerra de Afganistán. Se calcula que la nueva estrategia tendrá un sobrecargo para las deficitarias arcas públicas americanas de 30.000 millones de dólares al año, o el equivalente a un millón de dólares por cada soldado adicional.(