Martes
, 01-12-09
«Las actividades terroristas y criminales en el Magreb y en la región del Sahel continúan siendo una amenaza», dijo el miércoles pasado el general estadounidense William Ward en Argelia. Las palabras del jefe del Africom, el nuevo mando de EE.UU. para el continente, parecían ser una premonición. Horas después era secuestrado un francés en Malí.
En esa misma zona tuvo lugar el último secuestro colectivo llevado a cabo este año por Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI), que terminó de manera trágica. El 22 de enero desaparecieron dos suizos, una alemana y un británico. En abril fueron liberados dos y en julio otro, pero entre medias se anunció el 3 de junio el asesinato del británico Edwin Dyer, que se convirtió en el primer europeo muerto por este grupo.
La porosidad de las fronteras, la pobreza y la falta de medios de los Ejércitos son el caldo de cultivo ideal que ha encontrado AQMI para extender sus tentáculos desde Argelia hacia Mauritania y Malí. Esta es una de las principales preocupaciones de Europa y Estados Unidos.
El norte de Malí y Mauritania, donde se está haciendo fuerte la franquicia de Bin Ladem, son considerados los flancos más débiles de la región.
Y los terroristas lo saben, según reconocen a ABC fuentes oficiales extranjeras sobre el terreno, que añaden que a menudo son bandas de delincuentes organizados que trafican con armas, drogas, tabaco y hasta con emigrantes clandestinos. Tanto en Malí como en Mauritania se han detectado campos de entrenamiento para estos terroristas. A veces están dotados de una gran movilidad, lo que dificulta su localización.


