Porfirio Lobo, presidente electo en Honduras | EFE
Actualizado
Martes
, 01-12-09 a las 20
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El presidente electo de Honduras, Porfirio «Pepe» Lobo, no sólo deberá lidiar con las consecuencias de una crisis doméstica que ha dividido al país, además de buscar puntos de sutura en las relaciones internacionales de la pequeña nación centroamericana: el horizonte económico al que se enfrentará a partir de su investidura, en enero próximo, no es nada alentador.
La gestión de Manuel Zelaya en este rubro ha sido nefasta, empezando por un último curso político en el que Honduras se manejó sin presupuesto público (lo que impidió cerrar un vital préstamo con el Fondo Monetario Internacional). «Mel» deja una deuda interna que supera los mil millones de dólares y una deuda externa de alrededor de tres mil millones de dólares. Zelaya recibió de Ricardo Maduro un país con las cuentas limpias, tras haber conseguido la condonación de la deuda internacional (que superaba los cinco mil millones de dólares).
Según el Foro Social de Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (Fosdeh), a final de año habrá 700.000 nuevos pobres en el país, con lo que el porcentaje de la población que vive bajo la línea de pobreza ascendería hasta casi el 65 por ciento. Por su parte, la caída del producto interior bruto (PIB) rondará el 4 por ciento. Tocadas por la crisis financiera mundial, las remesas, que aportan el 23 por ciento del PIB, bajaron de 878 millones de dólares en noviembre de 2008 a 623 millones en noviembre de este año.
«Aunque Lobo es el clásico "politiquero" de las elites partidistas nacionales, puede ser el hombre adecuado en el momento adecuado», comenta a ABC el economista Julio Raudales. En su última columna aparecida en «El Heraldo», Raudales recordaba este lunes que «más allá de los problemas estructurales, como la pobreza, el desempleo, la falta de salud, educación y la corrupción; así como los más coyunturales tales como la inseguridad e ingobernabilidad, el señor Lobo y su equipo deberían de reflexionar sobre si el rol que históricamente los gobernantes le han dado al Estado es el adecuado».
Prosigue el experto: «Resulta alarmante observar cómo en Honduras los políticos centran su oferta en las posibilidades de que el gobierno supla bienes y servicios que claramente deberían ser obtenidos privadamente. Peor aun, es patético enterarse que los activistas hacen su trabajo, no en espera de una oportunidad para desarrollar sus capacidades emprendedoras, si no por una "chamba" (trabajo) pública o un contrato con el Estado. Creo que un aporte fundamental de las autoridades recién electas debería ser coadyuvar en el entendimiento de que la única manera de salir de la pobreza es buscando oportunidades que el Gobierno debe contribuir a generar mediante una adecuada regulación y vigilancia».
En diálogo con ABC, Raudales detalla que «el principal desafío será el de generar confianza a la inversión extranjera, algo que consiguió Maduro y se perdió con Zelaya. La cooperación al desarrollo de EE.UU., Canadá, Japón o la UE seguirá fluyendo con normalidad, pero hay que recuperar el atractivo de Honduras como destino para el capital extranjero».



