Martes
, 01-12-09
En competencia feroz, y digo bien: feroz, con otras universidades españolas, nuestra Universidad, coordinando otras cuatro universidades andaluzas (las de Almería, Cádiz, Huelva y Jaén), ha logrado que un proyecto común de Campus Agroalimentario haya sido elegido como Campus de Excelencia. Tal distinción es un honor de primera magnitud, diríamos que «con grandeza de España». Un gran honor que, como los antiguos títulos nobiliarios ganados en batalla, va bien financiado para cumplir con los objetivos.
Si digo que la competición ha sido feroz, es que lo ha sido. Se quedaron en el camino universidades de tanto prestigio como la dos valencianas, que aportaban científicos de inmenso prestigio. Hay quien opina que fue la negativa a coordinarse entre ellas lo que motivó su caída; de hecho, en Madrid y Barcelona las universidades equivalentes fueron de la manita y se llevaron la máxima consideración, la de Excelencia Internacional. Aunque ha habido proyectos presentados por una sola institución, la moraleja es clara: hay que ir en pelotón, la unión hace la fuerza, científicos españoles, uníos, se unan, moño...
Sea como fuere, el caso es que el consorcio de cinco universidades andaluzas, lideradas por la nuestra, ha conseguido una calificación de enorme importancia, y aún más si se considera que el Campus aprobado puede merecer en el futuro próximo el ascenso a la consideración «de excelencia internacional» si se cumplen los objetivos previstos, cosa que hay que lograr por todos los medios posibles porque el ascenso no es automático. Una vez pasados los primeros momentos de euforia, hay que ponerse a trabajar de lo lindo, y la tarea no la van a tener fácil los coordinadores cordobeses.
Aunque parezca evidente, tendrán no poco trabajo para recordarle a todos que el proyecto aprobado trata de «agroalimentación», palabra que, aunque no lo crean, en la universidad de Córdoba levantó sarpullidos en un pasado no muy lejano. «¿Es que todo va a ser para unos pocos?», se decía entonces. Las universidades americanas y algunas europeas no vacilan en potenciar un área porque saben de sobra que si son excelentes en un campo toda la universidad se monta en el carro, pues el ciudadano de a pie se dice: «si es muy buena en tal cosa, no debe ser mala en lo demás...»
La vocación agroalimentaria de la de Córdoba fue clara desde su fundación. De hecho, durante la época de Franco hubo un proyecto de crear una «universidad agraria» en nuestra ciudad, que fracasó vaya usted a saber por qué. Afortunadamente, el equipo rectoral actual ha cogido el toro (agrario) por los cuernos y llamado a las cosas por su nombre. Hoy hay que lamentar el absurdo traslado de la Escuela de Agrónomos a Rabanales, lejos de lo que ya era un campus agrario natural, la finca «Alameda del Obispo», junto a los centros de investigación en el tema de la Junta de Andalucía y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Y habrá que lamentar también que, en Rabanales, se hayan atomizado las Facultades dispersando su gente por todas partes. Eso de que la unión hace la fuerza... Me gustaría saber si el traslado a Rabanales ha conllevado una mayor producción científica que antes.
En fin, volvamos la vista atrás tan sólo para aprender, porque el gran proyecto concedido con toda justicia implica que hay que reponer una buena parte del profesorado cercano a la jubilación y con poco «banquillo», ya que los dos primeros puntos que hay que satisfacer son «mejora docente» y «mejora científica». Esos son los ladrillos del proyecto.
Nos han dado alas para volar, pero las alas necesitan de un cuerpo para moverse.


