Lunes
, 30-11-09
Ayuda de verdad frente a aborto
Me gustaría desde estas líneas animar a la Junta de Castilla y León para que, tal y como se comprometió formalmente hace ahora un año con la ley 14/2008 de 18 de diciembre, apruebe un buen plan integral de apoyo a la mujer embarazada.
Visto el «maravilloso» proyecto de ley que acaba de admitir a trámite nuestro «sagrado» Congreso de los Diputados (detrás del cual subyacen los espurios y abyectos intereses de las clínicas abortistas), al menos en Castilla y León nos queda la esperanza de que nuestros gobernantes regionales se van a preocupar de buscar soluciones positivas para las mujeres embarazadas con problemas. Ambas vidas, la de la madre y la del hijo, merecen sin duda un futuro libre y diáfano, como lo hemos tenido todos los que existimos. Desde luego, como las mujeres embarazadas con problemas tengan que esperar a que el consenso parlamentario que nos prometen Bibiana y cía vaya a solucionar su problema, lo llevan claro; y no digamos nada del ser humano que llevan dentro... Ojalá el plan integral autonómico pueda ser una referencia para el resto de Administraciones Públicas y un ejemplo para quienes están al frente de ellas.
José Luis Díaz Sampedro, León
Por qué ya no puedo más
Soy profesora de Secundaria, y quiero apoyar desde estas líneas la medida de la Comunidad de Madrid sobre la autoridad del profesor, y mostrar mi rechazo al último invento del señor ministro para acabar con el fracaso escolar: la obligatoriedad hasta los dieciocho años. Antes de que se me tache de nada, he de decir que soy votante de izquierdas. Nuevamente leo con rabia cómo sindicatos de izquierda se oponen a la primera de las medidas y apoyan la segunda. Es increíble como confundimos un mínimo de orden con autoritarismo, y me produce estupefacción que la salida al desastre educativo siga siendo la Arcadia feliz de la educación integradora.
Como creo que el señor ministro parece desconocer la realidad de muchos institutos producida por la famosa obligatoriedad hasta los dieciséis, voy a explicarle por qué estoy harta de ella.
Estoy harta de un sistema que protege a adolescentes mal educados, que nos desprecian día tras día. Estoy harta de la legión de objetores escolares, surgidos al amparo de las descabelladas leyes educativas, que en el mejor de los casos vegetan en el aula. Estoy harta de los padres, que amparados en este mismo sistema han delegado toda su labor de educar y para los que siempre seremos unos parásitos que no sabemos lo que es trabajar. Estoy harta de que los alumnos buenos sufran la filosofía de la chincheta que asola nuestro sistema educativo: al que sobresale se le aplasta. Estoy harta de una administración educativa (me da igual de qué signo) que parece premiar el escaqueo, bajo el eslogan de «no des problemas y tú tampoco los tendrás». Estoy harta de las inspecciones educativas que pasan de puntillas por los centros para contar cuántas veces aparece la palabra «competencias» en la programación. Estoy harta de la falsa progresía que ha invadido nuestros centros, y que consiste en equiparar tu opinión a la de un imberbe que probablemente no sepa ni situar Madrid en el mapa. Estoy harta de la equivocada democratización de la escuela, donde para expulsar a un gamberro que te ha rajado las ruedas del coche tienes que hacer un sumario como el de la «operación Nécora». Estoy harta de las palabras: motivación, mediación de conflictos, aprender a aprender...
No nos engañemos, señor ministro, prestigiar la enseñanza pública no significa llenarla de palmaditas en el hombro y voluntarismo, sino darnos cuenta de que la huida de las clases medias de la escuela pública en busca de orden es una auténtica tragedia para la misma.
Gema Cano Jiménez, Madrid
Sensibilidad sólo para algunas cosas
La carta escrita por el actor Javier Bardén, reclamando la libertad para la activista saharagui Aminatu Haidar, contrasta con su silencio cuando la banda terrorista ETA ha cometido algún tipo de atentado contra los derechos humanos. Es de una miseria moral tan clamorosa que duele en lo más profundo del alma.
Un personaje tan relevante -y a nivel mundial, puesto que ser galardonado con un Oscar le catapulta a la fama internacional- no ha tenido la dignidad de abanderar también la lucha contra la principal lacra de la sociedad española, que es el terrorismo. Convertirse en un embajador del desenmascaramiento del entramado terrorista de ETA no sólo le honraría a él, sino que la profesión que él ejerce, la de actor, hubiera salido muy beneficiada.
Fernando C. Garrido, Madrid

