
Simpatizantes de José Manuel Zelaya, en una demostración del Frente Nacional de Resistencia en Tegucigalpa / EFE
Domingo
, 29-11-09
Vendedores de refrescos y pupusas (el bocadillo centroamericano: una gruesa tortilla de maíz rellena con queso y algo más) se disputaban ayer la escasa clientela a las puertas del sindicato de trabajadores de la industria de bebidas y similares (Stibys), donde el Frente Nacional de Resistencia celebró su última asamblea previa a las elecciones de hoy.
En un gran espacio multiusos (salón de actos, escenario para espectáculos y, quizá, también pista deportiva), un hombre reparte entre los presentes, apenas una docena de personas, carteles fotocopiados que llaman a la abstención. En el centro de la pista, sentadas sobre metálicas sillas plegables, tres mujeres mantienen contra toda aparente lógica sus esperanzas en «el triunfo del pueblo».
Yolanda Chavarría, 80 años, se apoya en su bastón para denunciar «el peor golpe que ha sufrido Honduras, y yo he vivido muchos». Maestra, veterana militante feminista y de izquierda, Yolanda recuerda la asonada que sacó del poder en 1963 a Ramón Villeda Morales, poco antes de que terminara su mandato, y lo compara con el que acabó hace cuatro meses con la presidencia de Manuel Zelaya, también en la recta final de su etapa en el poder.
«Bajo la bandera de la patria y la blanca de la paz, 180 mujeres nos fuimos a la Casa Presidencial -recuerda Chavarría- para que nos recibiera el general López Arellano; así lo hizo, y escuchó nuestras demandas. Micheletti sólo nos ha dado represión. Pero los dos golpes son iguales: aquél lo dieron los partidos de derecha, y este lo han dado los empresarios de derecha. Y ambos los tratan de maquillar con unas elecciones manipuladas».
Elisabeth Cabrera, también profesora, asegura que los opositores al régimen «de facto» son más de los que se ven, «pero los golpistas han restringido nuestro derecho a la libre circulación y a manifestarnos». Afiliada al sindicato magisterial, Cabrera sostiene que la resistencia permanecerá este domingo en sus casas («toque de queda en familia») y no llevará a cabo acciones para boicotear los comicios. «Son los golpistas -afirma- quienes preparan una masacre para perpetuarse en el poder».
Acoso a la prensa
Rita Matamoros, funcionaria despedida del Ministerio de Recursos Naturales, dice que la resistencia ha sido intimidada por el régimen transitorio (el acoso ha sido manifiesto contra sus medios de comunicación: Canal 36 tuvo que cerrar sus emisiones porque era interferido con películas pornográficas, y escuchar Radio Globo se ha vuelto imposible entre un marasmo de ruidos).
«Exigimos la restitución de Zelaya -argumenta Matamoros-, pero lo importante es enfrentarnos a un golpe de Estado. Ya hemos sufrido demasiados en este país. Y la resistencia debe consolidar un partido político que, en el futuro, acabe con el bipartidismo (nacionales y liberales) que no ofrece ninguna solución a nuestro problemas».
Un diplomático iberoamericano con dilatada hoja de servicios en Honduras coincide en que «el movimiento social de izquierdas tiene vida propia al margen de Zelaya. Este no era más que un tonto útil que ya ha sido amortizado. El movimiento surge tras el desastre provocado por el huracán «Mitch», y aspira a ser una opción política de futuro, probablemente articulada en torno a Carlos H. Reyes».
Reyes es el único de los seis aspirantes presidenciales que retiró su candidatura para las elecciones, aunque sus opciones eran mínimas (un 5% según las encuestas).


