Actualizado
Domingo
, 29-11-09 a las 08
:
32
Feliz, sonriente, animada e ilusionada. Así es como se muestra estos días la Infanta Doña Elena, que ha mantenido su programa de trabajo como si se hubiera tratado de una semana más de su vida, con dos actos públicos, uno como Infanta de España y otro como directora de Proyectos Sociales y Culturales de la Fundación Mapfre. No ha habido por su parte ni un solo gesto ni comentario sobre el anuncio oficial de su divorcio, hecho público el pasado miércoles en un escueto comunicado por los abogados de la Infanta y de Jaime de Marichalar. Un divorcio de mutuo acuerdo del que se había hablado tanto en los dos últimos años que no ha sorprendido a casi nadie. Menos aún a Don Juan Carlos y a Doña Sofía que, además de Reyes, son padres y conocían mejor que nadie los problemas de la pareja, sus intentos iniciales por superarlos y la decisión final.
Pero lejos quedan ya esos momentos difíciles y, mientras los trámites del divorcio siguen su curso habitual, Doña Elena, que el próximo 20 de diciembre cumple 46 años, vive ahora ilusionada una nueva vida, volcada en sus hijos, Felipe, de once años, que cada día está más formal, aunque sigue siendo un niño divertido que sorprende con sus ocurrencias, y Victoria Federica, de nueve, una niña dulce y cariñosa que ejerce de prima mayor. Entre la actividad institucional como Infanta de España y su trabajo en la Fundación Mapfre, Doña Elena tiene la vida llena, sin olvidar el tiempo que ahora puede dedicar a sus amigos de siempre, con los que salía en sus tiempos de soltera. Si ya, durante la separación, varias revistas elevaron a algunos de estos amigos a la categoría de novio de la Infanta, ahora, cuando le concedan el divorcio, los rumores se dispararán, aunque no tendría nada de particular que un día se volviera a enamorar.
En los dos años que han transcurrido desde que los Duques de Lugo se separaron, Doña Elena también ha recuperado la vida sencilla en la que nació y creció, alejada de los lujos sofisticados que compartió con su marido en los doce años de matrimonio. Hacía mucho tiempo que no se le había visto repetir la ropa con tanta frecuencia como ahora ni vestida con un aire tan informal, sin perder su estilo: el más elegante de toda la Familia Real, aunque algunos echen de menos el asesoramiento estético de Marichalar. Y es que la vida privada de la Infanta tampoco tiene nada que ver con el brillo y la solemnidad que rodea los actos oficiales de la Corona. Educada desde pequeña como una niña más, sin privilegios, la primogénita de los Reyes se convirtió en la primera Infanta de España con una licenciatura universitaria y en la primera que cotizó a la Seguridad Social.
Doña Elena, que es de los tres hermanos la que más se parece al Rey, tanto en lo físico como en el carácter, también comparte con su padre el sentido del humor, los prontos enérgicos y la afición por las cosas sencillas. Antes era difícil verla en lugares populares, pero desde que se separó, la Infanta ha sido sorprendida en Ikea comprando muebles funcionales para su nueva casa, en sencillos restaurantes de menú, buscando chollos en oferta o haciendo la compra en Mercadona.


