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Domingo , 29-11-09
Poco tiene que ver el escenario en el que «actúan» este año los planes de pensiones con la lúgubre decoración y complementos que los rodeaba el ejercicio pasado. Hace un año, la quiebra de Lehman Brothers y el rastro de incertidumbres que dejó alrededor del sistema bancario y de los mercados financieros borraron de un plumazo cualquier mínimo apetito por invertir a largo plazo. Las bolsas caían, el ahorrador buscaba refugio en los productos más seguros y, sobre todo, más líquidos.
Este año, sin embargo, las promociones vuelven a vibrar. Las ofertas inundan los escaparates y, con las rentabilidades al alza (de media, los planes de pensiones del sistema individual ganan un 5,53%) las entidades afrontan con un semblante más optimista este último tramo del ejercicio, en el que suelen recoger en torno al 60% de todas las aportaciones anuales. De hecho, el patrimonio se ha recuperado un 4% en los últimos diez meses. En el sistema individual, las gestoras administran ya 51.038 millones de euros.
El plan de pensiones vuelve a tener vida. Las entidades sí que le ven sentido, de nuevo, a exponer las numerosas excelencias de un producto, considerado como el mejor instrumento de ahorro para el largo plazo, en el que ya confían 8,5 millones de partícipes. Entre sus principales virtudes destacan las siguientes:
Fiscalidad: numerosos expertos confirman que una de las grandes bondades del plan de pensiones es su fiscalidad. Las aportaciones realizadas a planes de pensiones permiten reducir la base imponible del contribuyente, es decir, permiten recortar el pago de impuestos a Hacienda. En el territorio general, los menores de 50 años pueden reducirse hasta 10.000 euros anuales. La cantidad se eleva a 12.500 euros anuales cuando la edad del contribuyente supera los 50 años. En ambos casos, la reducción máxima será del 30% de los rendimientos del trabajo o actividades económicas que se registren en el ejercicio. Rodrigo Galán, director de Ibercaja Vida, asegura que ningún sistema de ahorro tiene ventajas fiscales comparables. «Las aportaciones pueden suponer un cheque fiscal anual de hasta 5.375 euros», comenta.
Disciplina de ahorro: El eterno debate sobre el devenir del sistema público de pensiones, su déficit y las incertidumbres futuras, que desde hace más de veinte años vuelve periódicamente a la actualidad, pone de relieve una clara conclusión: la necesidad de complementar la jubilación con instrumentos de ahorro privados. La población española está envejeciendo y la esperanza de vida crece, con lo que el ahorro acumulado que se necesita para pasar una jubilación digna es cada vez mayor. En la actualidad, un 16% de la población es pensionista y un 70% trabajadores, que sostienen sus prestaciones. Pero, en el año 2030, alcanzar un equilibrio será mucho más difícil teniendo en cuenta que se estima que los jubilados representarán un 36% de la población y los trabajadores apenas rebasarán el 52%. Por eso, ante las expectativas de unas pensiones públicas decrecientes, desde numerosos foros económicos tratan de concienciar a los ciudadanos de la necesidad de ahorrar con instrumentos como los planes de pensiones. Su iliquidez puede resultar un inconveniente para el partícipe. Sin embargo, el producto se diseñó con esta peculiaridad precisamente con la intención de transmitir al ahorrador la necesidad y «obligación» de ahorrar y de mantener intocable el dinero hasta el momento de la jubilación (o de otros supuestos extraordinarios como paro, enfermedad grave, invalidez o dependencia). En el mercado, de hecho, la mayor parte de los planes de pensiones exigen al partícipe hacer aportaciones periódicas (desde 30 euros mensuales). El objetivo es inculcar una disciplina de ahorro. La principal ventaja de los planes de pensiones es que permite a sus titulares equiparar el nivel de vida, una vez estén jubilados, al que tenían antes de jubilarse. Para ello hay que sacrificar el consumo presente por consumo futuro.
Rentabilidad a largo plazo: Mariano Rabadán, presidente de Inverco, asegura que la filosofía del plan de pensiones es mantener el ahorro durante un periodo medio de 20 años. Por eso, el partícipe no debe preocuparse por la rentabilidad a corto plazo. «La gestión de los planes está pensada para el muy largo plazo», añade Ángel Martínez Aldama, director general de la Asociación. Y, precisamente, las estadísticas muestran que el mercado está cumpliendo con su objetivo: las rentabilidades anuales medias de los planes se incrementan según pasa el tiempo de constitución del plan: así, las ganancias anuales medias ponderadas de los planes con una vida media de 19 años alcanzan el 5,33%; en los últimos quince años dan un 4,08%; en 10 años, un 1,34%; en 5 años rentan un 1,8% anual y en los últimos tres años registran una pérdida media del 0,34%. Mariano Rabadán asegura que esto es un mérito del sector. Manuel Álvarez, director de particulares de vida y pensiones de Caser, también opina que estadísticamente está comprobado que las inversiones suelen ser rentables cuando se plantean para largos periodos de tiempo.
Amplia variedad de planes: al igual que ocurre con el mercado de los fondos de inversión, en el sistema privado de planes de pensiones se pueden encontrar productos adaptados a todos los perfiles. Es decir, cualquier partícipe puede localizar un plan que se ajuste a su nivel de aversión al riesgo. En particular, el sistema individual está formado por un total de 1.181 planes distintos. Los más numerosos son los de renta fija, con 288 planes, seguidos por los garantizados, con 254 los de renta variable, con 200 productos, la renta variable mixta, con 201 instrumentos, los de renta fija a corto plazo, con 154 planes. Los más minoritarios son los planes de renta fija a largo plazo, categoría que da la opción de elegir entre 84 instrumentos distintos.
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