Sábado
, 28-11-09
«Han hecho simplemente lo que se les ordenó y si se les hubiera ordenado otra cosa lo habrían hecho sin dudarlo». Así se expresa el comandante general de la Infantería de Marina, general de división Juan Chicharro, en una nota interna -a la que ha tenido acceso ABC- en la que sale en defensa de sus hombres del equipo operativo de guerra naval especial que estuvieron preparados para asaltar el «Alakrana» y detener a los piratas.
El Gobierno descartó su intervención mientras duró el secuestro y, una vez que los bandidos abandonaron el pesquero, las estrictas órdenes de permanecer lejos del atunero y después limitarse a autorizar a un helicóptero a hacer fuego disuasorio sobre el último esquife que huía impidieron a la Armada detener o capturar a los piratas.
Sigue el estupor en medios militares ante la explicación oficial dada por el Gobierno al hecho de que se pudieran ir «de rositas» los seis últimos piratas en un esquife perseguidos por dos helicópteros especializados en guerra submarina, que pueden ir armados con misiles, y que llevaban una ametralladora de 12,7 milímetros de calibre a bordo. Y con fusileros entrenados en romper cables a tiros con armas de precisión desde plataformas móviles.
Aunque Defensa quiera atribuir el fallo final de la operación al hecho de que el helicóptero llegara «dos minutos tarde», en fuentes militares insisten en que sólo las órdenes recibidas explican el fracaso.
En su nota interna, Juan Chicharro destaca que el despliegue en la zona fue un ejemplo de capacidad de reacción inmediata: «En menos de 24 horas fue alertada, trasladada a Djibuti y lanzada al Océano Índico en paracaídas con todo su equipo de combate en una compleja operación de aproximación (por cierto en zona de tiburones)». El jefe de la Infantería de Marina añade que durante mes y medio sus hombres estuvieron a bordo de las fragatas «Méndez Núñez» y «Canarias» sin otro quehacer que entrenarse para el asalto del «Alakrana». No había sitio para todos, pero se tuvieron que apretar. «Aguantaron con estoicismo pues su único anhelo era asaltar el pesquero y liberar a los rehenes», agrega.
Chicharro recuerda que como la seguridad de los rehenes había primado por encima de cualquier otra consideración no recibieron instrucciones de abordar el «Alakrana». «En el último momento, actuando siempre escrupulosamente de acuerdo a las órdenes del Gobierno, se intentó pero no se pudo capturar a los piratas como nos hubiera gustado».
El general pide a los infantes de Marina que no se dejen engañar por lo que leen en «alguna» prensa, pues la profesionalidad de nuestros hombres está fuera de toda duda». Y añade: «Su actuación ha sido impecable, digna de los mejores soldados, de los mejores infantes de Marina». Chicharro lo deja muy claro al sentenciar que habían hecho «simplemente lo que se les ordenó y si se les hubiera ordenado otra cosa lo hubieran hecho sin dudarlo».
La Armada arropó a sus infantes. En un hecho sin precedentes, todos los altos mandos, encabezados por el jefe del Jefe de Estado Mayor, el almirante general Manuel Rebollo, se presentaron en Cartagena el pasado día 22 para recibir a los 17 miembros del equipo operativo de guerra naval que volvían del Índico. Había en el patio más jefes que infantes. «Los sentimientos afloraban, pero sobre todos ellos, el del orgullo de mandar unos hombres como les de la Fuerza de Guerra Naval Especial», cuenta Chicharro.


