Viernes
, 27-11-09
Para que los muchos ratones de biblioteca (investigadores, doctorandos, simplemente curiosos) que en el mundo han sido y son, hace falta que alguien busque el queso artístico, histórico y cultural con el que puedan aplicarse. Eso es, exactamente, lo que se hace desde los diversos departamentos de la Biblioteca Nacional, uno de los espacios con mayor carga de sabiduría por metro cuadrado del planeta, un territorio centenario donde el saber sí que ocupa lugar. Y qué lugar, una isla del tesoro en pleno corazón de Madrid.
Y de tesoros, de «Tesoros al descubierto», hablamos, porque ése es el título de la exposición que hoy se inaugura en su sede. Una muestra de 120 objetos seleccionados entre los 2.500 que ha adquirido la institución en los últimos cinco años, período que coincide con el mandato en el Real Patronato de esta casa de Francisco Ayala, representado en la muestra por una tarjeta de su puño y letra.
La BNE dispone de un presupuesto de entre un millón y millón y medio de euros para su labor de búsqueda y compra en el mercado, «un mercado que es tremendamente cambiante y caprichoso, de forma que muchas adquisiciones dependen del azar», tal como explica Ana Santos, directora de Acción Cultural de la Biblioteca Nacional. «Con esta muestra -añade Santos- se quiere dar a conocer el importante esfuerzo de conservación patrimonial que hacemos y mostrar en que se invierten los recursos públicos para la adquisición de este patrimonio».
Vayamos al grano. Comencemos el recorrido. Por ejemplo, con impresos antiguos como el incunable procedente de la imprenta de Eliezer ben Abraham Alantansi, la única con caracteres hebreos, impreso en 1486.
La Cartilla de Felipe V
O como otro incunable, el de las «Introductiones latinae», de Nebrija, de 1498, adquirido por 90.000 euros. O como el «Arte subtilissima, por la qual se enseña a escreuir perfectamente», de Juan de Icíar, calígrafo que inventó la letra bastarda española. Y, por supuesto, la pieza más cara de la muestra, la cartilla y catecismo de Felipe V (95.000 euros).
Pero también hay adquisiciones de días más recientes. Como una agenda personal de Edgar Neville, varias felicitaciones de Navidad de Alberti y la última incorporación de la institución, hace apenas dos semanas, el manuscrito autógrafo del poema «Crucifixión», de García Lorca (30.000 euros), perteneciente a «Poeta en Nueva York» que no se pudo incluir en las primeras ediciones al estar en paradero desconocido.
El Departamento de Bellas Artes presenta una de las joyas de la muestra, el retrato de Erasmo de Rotterdam por Alberto Durero y, entre otros lujos, un aguafuerte del anatomista del siglo XVII Crisóstomo Martínez.
La Biblioteca Nacional también permite dar la vuelta al mundo, saber cómo nuestros ancestros dibujaban el mapa de la tierra y la mar océana en que vivían. Es el apartado dedicado a la Cartografía, donde destacan sendos mapas datados en 1623 y 1633, bellísimos, y el atlas portulano Colección de planos de varios puertos de Joan Martines, de 1570. Finalmente, el apartado dedicado a la música y audiovisuales, ofrece joyas como un Magnificat de Cristóbal de Morales, una partitura de Beethoven (La victoria de Wellington en Vitoria) y un libro de Leopold Mozart, padre del inmortal compositor. Cierran la exposición piezas y soportes musicales realmente curiosos como rollos de pianola, cilindros de cera y discos de aristón, basados en un mecanismo similar al organillo. La Biblioteca y sus tesoros escondidos, sencillamente, un libro abierto.


