Joaquín Fernández, espivotero del atunero vasco, aseguraba tras su declaración ante el juez Pedraz que fue el encargado de trasladar a ocho piratas a otra embarcación tras ser liberado el barco. Por su parte, el cangués Secundino Dacosta describió el momento en el que encañonándoles les pidieron que llamasen a sus familias para despedirse. «Creímos que nos iban a matar», dice

Los tripulantes gallegos, hoy en los Juzgados de Vigo / FOTOS: MIGUEL MUÑIZ
Más información
Actualizado
Jueves
, 26-11-09 a las 00
:
05
Deseando pasar página, los tripulantes gallegos del «Alakrana» desfilaron esta mañana uno a uno por el Juzgado de Vigo para declarar ante el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, después de que ayer lo hicieran los marineros vascos. Las primeras noticias llegaban de la mano de Joaquín Fernández, espivotero del atunero, quien relató cómo el capitán le encargó trasladar a ocho de los corsarios hasta otra embarcación, una vez en el bote decidió quitarse la camiseta para que las fragatas de la Armada, que seguían la operación, distinguiesen «que era blanco».
Fernández, que fue uno de los supuestamente trasladados a tierra durante el cautiverio, desmintió tal afirmación, desacreditando las informaciones dadas por Defensa, en aquel momento, asegurando que tenían controlada su posición en la playa. Según dijo, «nos llevaron a un bote que giro alrededor del Alakrana durante cinco minutos y nos volvieron a subir, pero en ningún momento nos alejamos más allá».
Posteriormente era el patrón del buque vasco, el también gallego Ricardo Blach, el que reconocía que estaba seguro casi al 90 por ciento que nos lo habían bajado a tierra, si bien no podía desmentir la información puesto que «estaba amenazado por los piratas, y temía por su vida y la de sus compañeros».
Los gestos de apoyo de unos a otros se sucedieron a lo largo de toda la rueda de prensa que ofrecieron una vez habían declarado ante Pedraz. La mayor parte de ellos se encuentran bajo tratamiento médico y tuvieron que sacar fuerzas de flaqueza para rememorar los 47 días que cumplieron de secuestro.
Capítulo de agradecimientos No faltaron agradecimientos a sus mujeres; a los gobiernos de las Comunidades vasca y gallega, cuyo apoyo fue indiscutible –reconocieron-; a la empresa armadora; y a las diferentes instituciones. Igualmente, alabaron el trabajo de los militares con los que llegaron a compartir lágrimas. Si bien, el gran ausente en sus declaraciones fue el Ejecutivo central del que adujeron; «preferimos no hablar por el momento». «Ya habrá tiempo de agradecer, si es que es así, al Gobierno su actuación, por ahora vamos a dejar que prosiga la investigación y cuando todo esté más claro entonces veremos», aseguraba Blach. A pesar de que eludieron pronunciarse sobre la actuación de Defensa, su silencio a muchas de las preguntas de los periodistas dejaba entrever sus reservas al respecto.

No menos desgarrador fue el comentario que hacía el cangués Secundino Dacosta, quien describió como, encañonándoles, les pidieron que llamasen a sus familias para despedirse. «Creímos que nos iban a matar», ha asegurado.
Visiblemente emocionadosEn su declaración conjunta, los tripulantes, aún emocionados hicieron especial hincapié en que se dé a conocer la situación en la que se encuentran otras personas secuestradas, como el caso del buque «Ariana» o de un matrimonio inglés que lleva retenido desde hace unos siete meses. Así, hicieron un llamamiento a los periodistas, «a ver si podéis hacer algo por ellos».
El momento en el que la mayor parte se desmoronó fue al recordar a la mujer que fue violada y a las dos niñas del barco griego al que abarloaron para proveer de gasóleo y comida , y que permanece bajo el bastón de mando de los bucaneros somalíes. Contaron como la mujer les pidió que se llevasen a la pequeña, nacida durante el cautiverio, y como los piratas se negaron al traslado. «Ahora ellos son los protagonistas de la pesadilla que reina en el Índico, a ellos tenéis que dedicar vuestra información. Hay que sacarlos de allí como sea», dijo el patrón del atunero en nombre de todos sus compañeros.
El momento en el que la mayor parte se desmoronó fue al recordar a la mujer que fue violada y a las dos niñas del barco griego al que abarloaron para proveer de gasóleo y comida , y que permanece bajo el bastón de mando de los bucaneros somalíes. Contaron como la mujer les pidió que se llevasen a la pequeña, nacida durante el cautiverio, y como los piratas se negaron al traslado. «Ahora ellos son los protagonistas de la pesadilla que reina en el Índico, a ellos tenéis que dedicar vuestra información. Hay que sacarlos de allí como sea», dijo el patrón del atunero en nombre de todos sus compañeros.
Con respecto a las declaraciones ante el juez, todos ellos coincidieron en guardar silencio por el momento, si bien adelantaron que nos les mostraron imágenes de nadie, «son todos iguales, casi no podíamos verles las caras, estábamos la mayor parte del tiempo boca a bajo, no hubiéramos podido identificar a ninguno». En cuanto a una posible acusación particular, no la contemplan, aunque tampoco la descartan. Piden que repatríen a los piratas arrestados en España, puesto que de lo contrario habrá que esperar represalias.




