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Dinero para becas
El libro se vende por 29,95 dólares y lo ha compilado la asociación de familiares de miembros de la agencia, que especialmente en estos tiempos de crisis velan por juntar dinerillo para becas y bolsas escolares y otras ayuditas
Actualizado Miércoles , 25-11-09 a las 20 : 43
Se llama "More Spies, Black Ties & Mango Pies” (algo así como Más Espías, Corbatas Negras y Pasteles de Mango) y promete ser la sensación editorial de las Navidades: un libro de doscientas recetas de cocina de la CIA. No es una broma. Ni es la primera vez que se prueba. En 1997 salió la primera parte y se agotó enseguida. No se puede decir que se hayan apresurado a sacar la segunda –las cosas en palacio van despacio, y en Langley más-, pero, como sugiere «The Washington Post», puede ser un problema de ineptitud burocrática, no de motivación.
Y eso que el mayor mérito de la obra no reside tanto en los agentes de la CIA propiamente dichos como en sus esposas. No es esta una comunidad donde se inviertan a menudo los roles tradicionales. No hay muchos Ferran Adrià en el mundo de los espías. La mayoría de ellos no saben resolver no ya una crisis con rehenes sino un huevo frito. Y así le va.
Quizás por eso la parte más sugestiva del libro no son tanto las recetas en sí –aunque las hay apetecibles, insisten los que han tenido acceso a los avances editoriales- como la introducción que las acompaña. Abundan las anécdotas sobre la aventura de alimentarse sin sobresaltos en países enemigos o en vías de desarrollo. Los sucesos reseñados recuerdan a las novelas de la guerra fría y, por momentos, a un universo tintinesco, genuinamente colonial.
Improvisado desayuno para un espía en el sureste asiáticoPara muestra un botón: la sufrida esposa de un espía que sirvió en el sureste asiático en los años 60 cuenta que en cierta ocasión el marido quería desayunar antes de salir de casa, pero ese día tenía que salir muy temprano, antes de la hora habitual de llegada del cocinero. Llegó a plantearse preparar el desayuno ella, pero surgió un imponderable: la cocina estaba en el jardín, separada del resto de la casa, y estaba cerrada a cal y canto.
En estas llegó el jardinero con la noticia de que él tenía la llave y además sabía hacer huevos perfectamente pasados por agua. Empezaron a pasar –el agua y el tiempo- y aquello no arrancaba. El espía estaba hambriento y furioso. La esposa del espía estaba intrigada. Hasta que se fue a la cocina y se encontró un cazo al fuego conteniendo unos cuantos huevos y el reloj para calcular los minutos que debían hervir.
Otras batallitas hacen referencia a postres islámicos incomestibles, por lo menos para el paladar americano, a la trepidante experiencia de estar huyendo de alguien que te persigue y tener que gorronear patatas y otros alimentos básicos para sobrevivir, cierto restaurante de África Occidental que ofrecía un suculento guiso de algo parecido a la rata...etc.
A diferencia de otros clásicos en su género como las inolvidables “1080 recetas” de Simone Ortega, el libro de la CIA no incluye apartado de vinos ni de ninguna otra bebida alcohólica. Lo cual clama al cielo dada la fama que tienen los miembros del servicio secreto americano de darle a la botella incluso –o sobre todo- en acto de servicio. Será que esa parte era top secret y no podía ver la luz editorial.
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