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Martes , 24-11-09
LA soledad del presidente del Gobierno volvió a quedar ayer de manifiesto por las críticas que, desde distintos foros, recibió su gestión económica y su resistencia a emprender las reformas necesarias para frenar la destrucción masiva de empleo que impide la recuperación. Pese a la realidad de unas cifras que revelan cómo nuestro país se ha quedado al margen de Europa en el camino de regreso al crecimiento, y al margen de los consejos de las más diversas autoridades económicas -de Trichet a Rato, pasando por Fernández Ordóñez-, el presidente del Gobierno no tuvo empacho en asegurar ayer que la recuperación se ha iniciado, pero a la vez que reconocía la dificultad para invertir la tendencia en el mercado laboral y comenzar a crear trabajo. Maestro de la demagogia y la promesa de largo alcance, Rodríguez Zapatero expuso ayer una nueva teoría para explicar la cuadratura del círculo, porque resulta imposible salir del bache de la crisis con casi cuatro millones de parados.
A la espera de que su anunciado «milagro» de la economía sostenible surta efecto, y consciente del coste que representan las actuales tasas de paro, Rodríguez Zapatero vuelve a confiar en el diálogo social -que él mismo se encargó de dinamitar en vísperas veraniegas- para tratar de recomponer el mercado del trabajo y comenzar a liberar a la economía española del lastre de suponen los 3.808.353 parados oficiales. Cuando el presidente del Gobierno asegura que hay «mejor voluntad en los agentes sociales» que antes del verano, pretende situarse al margen de un proceso en el que, sin embargo, no ha dejado de intervenir de forma sesgada, siempre de la mano de unos sindicatos que, a cambio de la paz social, han impedido las reformas necesarias para invertir la tendencia de la destrucción del empleo.
A cambio de su pasividad ante el derrumbe el empleo, el Ejecutivo socialista ha convertido a los sindicatos en cómplices de una situación, parcheada con planes temporales y subsidios, que no puede prolongarse. Si Zapatero quiere reanimar el diálogo social ha de asumir, como ayer mismo recordó el gobernador del Banco de España, la necesidad de innovar en las modalidades de contratación; apostar por la «flexibilidad salarial» recetada por Trichet; evitar el conformismo que denunció Rodrigo Rato; y, en suma, darle definitivo carpetazo a una política fracasada, basada en los intereses de quienes prefieren conservar las ruinas del empleo a construir, desde los cimientos, un nuevo edificio que ampare a millones de trabajadores.
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