En una de sus últimas intervenciones públicas el ex guerrillero y favorito en las elecciones del domingo en Uruguay, José «Pepe» Mujica, dijo: «Parece que Dios ahora es brasileño». El liderazgo de Luiz Inacio Lula da Silva en Iberoamérica y su influencia indiscutible entre los vecinos es una de las razones de Mahmud Ahmadineyad para arrancar su minigira latinoamericana en Brasilia donde, salvo en el Gobierno, ha caído como una bomba.
La insistencia de Irán en ganar terreno en Iberoamérica no es nueva ni desconocida. Ya lo dijo el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí cuando justificó el periplo de Avigdor Lieberman por la región el pasado mes de julio: «Hay que frenar la actividad de Irán en América latina».
El interés iraní en la zona llegó al punto de solicitar su ingreso en el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas). En su carrera expansionista Irán valora una región rica en recursos energéticos, viejos como el petróleo venezolano y nuevos como el litio y el uranio del que Bolivia y Brasil, respectivamente, poseen abundantes reservas. Como valor añadido dispone de un servicio bancario encubierto gracias a Hugo Chávez y un retiro para sus «guerreros» en la triple frontera de Ciudad del Este y sus alrededores.
Algunos países de la región se han convertido, con Venezuela a la cabeza, en extraños aliados de Ahmadineyad. No es el caso de Argentina donde no puede poner un pie ni él ni el máximo responsable de la diplomacia iraní. Ahmad Vahidi tiene orden de busca y captura de Interpol por su presunta participación en el atentado a la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y la DAIA, las máximas instituciones judías en Buenos Aires donde murieron 85 personas en 1994.
Excepción argentina
Argentina es la excepción con Irán pero la tónica general dentro del denominado «eje bolivariano» es la de construir puentes con Teherán. El más entusiasta -Chávez aparte- es el presidente de Bolivia, Evo Morales.
La Paz ya ha recibido en tres ocasiones -ésta será la cuarta- a Ahmadineyad, un presidente de dudosa legitimidad que intenta romper su aislamiento internacional con estos viajes. Quizás, alguien le reprodujo las palabras de «Pepe» Mujica y él se las creyó, pero Lula no es Alá ni Iberoamérica su paraíso.


